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Carlos Zavala El Golden Boy de la nieve

Desde hace 43 años, cuando las montañas se visten de blanco, el esquiador comienza a preparar su equipo. Lo primero, debe ser pagar los $450 dólares de su pase anual, y después acondicionar los esquíes, los bastones y los guantes, sin olvidar las botas, los lentes y la última chamarra dorada por la que pagó más de $100 dólares. “Esta temporada comenzó muy tarde”, dice Zavala, mientras camina entre la gente que año tras año, lo ven llegar primero, e irse último de las pistas de nieve de Las Vegas Ski & Snowboard Resort, en Lee Canyon.

Mientras nos preparábamos para tratar de seguirlo en su rutina diaria, él no paraba de saludar a los que elogiaban su excéntrica vestimenta. En pocos minutos se subió a la silla que lo llevaría a la gloria. “Cuando estoy en el pico de la montaña sobrepaso los 12 mil pies de altura, y la temperatura por efecto del viento, puede bajar hasta 20 grados bajo cero.

Cualquier error de cálculo, te puede llevar a la muerte por hipotermia, ya sea por equivocarse en el recorrido de la pista, o al impactar contra algún árbol a muy alta velocidad”, nos dice, mientras sus ojos se iluminan por estar haciendo, lo que más ama en la vida. “La blancura de la nieve, la pureza del aire y la imponente altura, son la suma de elementos necesarios para estar conectado con Dios”, sentencia desde la silla que lo llevará a lo más alto de la montaña. Luego de un rato de espera con nuestra cámara en mano, lo vemos venir, es él, no puede ser otro.

En medio de las más de 9 pulgadas de nieve que cayeron la noche anterior, su campera dorada refleja sus movimientos profesionales de 43 años de experiencia.

Carlos Zavala nació en el barrio Lagunilla del Distrito Federal de la Ciudad de México, Colonia Industrial. En 1957, en busca de un mejor futuro para su familia, su padre Raúl se muda a Las Vegas donde comienza a trabajar como mesero, y dos años más tarde, llega Teresa con sus dos hijos, Raúl junior y Carlos, para comenzar una nueva vida.

“En el año 59, la vida era muy tranquila en esta ciudad. Por aquellos días, todo era desértico, y era muy común ver llegar a mis compañeros de clases montados a caballo. Cuando era niño, mis primeros años los cursé en Roy Martin, y más tarde, me gradué en Valley High School, e ingresé en UNLV donde concurrí 2 años solamente.

Cuando tenía 17 años de edad, un amigo me invitó a hacer esquí acuático a Lake Mead. Ese fue mi primer contacto con este deporte. Un tiempo después comenzamos a esquiar en la nieve, y desde ese día, se inició una relación que se renueva año a año, El Día de Acción de Gracias cuando se inaugura una nueva temporada”, concluye. Más adelante, hablamos de sus viajes a California, Snow Bird en Salt Lake City, Colorado, Black Cove Wiesler en Canadá.

También nos contó de sus viajes a Los Alpes Austriácos y Suizos, cumpliendo su sueño de esquiar en los mejores y más caros centros de ski en el mundo.

Ya de regreso, mientras se quitaba su equipo deportivo y colgaba su muy elogiada campera dorada, recordó que hoy no tenía que ir a trabajar al Steak House donde trabaja por más de 25 años, y que de cena, mamá Teresa lo esperaba con Pollo al Achiote, y tortillas hechas a mano, como broche de oro a una jornada que había empezado muy temprano para el Golden Boy de la nieve.

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