Crítica unánime al nuevo sistema de selección de equipos titulares del All-Star

El intento de vender el cada vez más decante Partido de las Estrellas de la NBA con el nuevo sistema de elección, que elimina los tradicionales equipos de las Conferencias Este y Oeste, y establece la figura de dos capitanes los que hagan esa labor a través de un simulacro de sorteo, ya ha sido calificado de “chiste” por todos los especialistas.

La razón de la falta de seriedad del nuevo sistema es que al final lo que va a ver son los mismos jugadores que han sido seleccionados bajo una reglamentación que es la que falla, en el sentido que la base de profesionales se mantiene, es decir habrá 12 profesionales de la Conferencia Este y otros 12 de la del Oeste.

Lo anterior significa, que al haber muchos más jugadores de calidad en la del Oeste, estrellas que tendrían que estar en el equipo se quedarán fuera y habrá otros de menor calidad que lleguen al partido anual que ya carece de valor deportivo.

Los actores subjetivos que participan en la elección siguen siendo los mismos con los votos combinados de los aficionados (50 por ciento), de los jugadores (25 por ciento) y de los medios de comunicación (25 por ciento), responsables de los 10 titulares, repartidos en cinco por cada Conferencia.

Mientras que los 14 reservas seguirán siendo responsabilidad de los entrenadores que vayan a dirigir a los respectivos equipos.

Tampoco se entiende la validez ni seriedad de dejar la responsabilidad a los dos jugadores más votados como los capitanes que hagan la formación de los equipos, que no será en función de sus conocimientos como técnicos sino como “amigos”, con todo lo que ello implica de “favoritismo” y de “venganzas” personales.

La “euforia” con la que los jugadores han acogido el nuevo sistema significa claramente que la “anarquía” festiva en el Fin de Semana de las Estrellas será aun mayor de lo que ya es costumbre.

Algo que le quita la poca credibilidad que posee el nuevo sistema de especie de sorteo, que ni tan siquiera respeta el mayor conocimiento y responsabilidad que acreditan los entrenadores que podrán definir cual es el equipo con el que tengan más opciones de conseguir ganar, aunque sea bajo la nueva especie de sorteo encubierto.

Los críticos a todo lo que es el Fin de Semana de las Estrellas, que se ha convertido exclusivamente en una fiesta permanente de diversión y descanso para toda la familia de la NBA, mientras la liga vende su producto a través del mundo, aseguran que el aspecto deportivo seguirá por el camino del “fracaso” y el “esperpento” como sucedió el año pasado en Nueva Orleans.

Los jugadores que salieron al campo del Smoothie King Center de Nueva Orleans se limitaron a caminar y hacer todo tipo de tiros más al estilo Harlem Globetrotters que auténticas estrellas de la NBA compitiendo.

El resultado final de 192-182, favorable al Oeste, con el pívot del equipo local de los Pelicans de Nueva Orlena, Anthony Davis, como el ganador del premio de Jugador Más Valioso (MVP), que aportó 52 puntos y batió la marca de Will Chamberlain de 42 puntos (1962), estuvo “pactado” en el vestuario antes de comenzar el partido.

Lo sucedido, que fue admitido por los propios compañeros de Davis, el haber trabajado en su favor, enterró la mínima credibilidad que algunos querían darle todavía al Partido de las Estrellas.

Ahora los cambios introducidos para la edición del 2018 siguen sin solucionar ninguno de los problemas que le afectan y que lo hacen inviable desde el apartado deportivo porque el elemento principal, los jugadores, cada vez más millonarios, no tienen ningún interés de competir en el campo ni les importa el resultado final.

Con el agravante, comprensible, que no pueden arriesgarse a sufrir una grave lesión que ponga en peligro su futuro y todos los millones invertidos por sus respectivos equipos y las marcas comerciales a las que representan.

Además se le sigue dando la misma importancia a la Conferencia Este que a la del Oeste cuando el abismo cada vez es mayor entre la calidad de jugadores que militan en ambas.

De ahí, que el Partido de las Estrellas de la NBA es una perdida completa de tiempo en el apartado deportivo, aunque intenten hacer a los equipos más competitivos, dado que lo único que se volverá a ver, esta vez, en el Staples Center de Los Angeles, el próximo febrero, no será más que mates espectaculares, sin oposición.

Pero el gran triunfo de la NBA con los cambios es que ya habrá algo nuevo de que hablar en el Fin de Semana de las Estrellas y con lo que llamar la atención, aunque también sea otra perdida de tiempo como el ver lo que sucede en el campo.

Pero a la organización de la NBA, esa perdida de tiempo y la falta de competitividad, con mucha diversión de los jugadores, es la fórmula perfecta para seguir ganando mucho dinero y exposición mundial.

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