Gabriel Hinojo, el futuro en sus manos

A eso de las seis de la tarde, al llegar al Gimnasio Gallos, propiedad de Armando Flores, se puede respirar trabajo y sacrificio, constancia y dedicación. Ahí no hay títulos ni jerarquías que respetar. Cuando llega la hora de ayudar, hasta los padres de muchos de estos niños, se calzan las manoplas, y sirven de sparrings tanto arriba como abajo del cuadrilátero. Sentado en un rincón, amarrándose las vendas en ambas manos, encontramos a Gabriel Hinojo junto a su padre, quien lo ayuda a ponerse los guantes.

En cuestión de segundos, se mete dentro del ring y comienza su rutina diaria, la que se prolongará por más de dos horas. Fue en ese momento que aprovechamos la presencia de Gabriel (padre), para saber más de la vida de su hijo, al que todos han descrito como un boxeador con una pegada potentísima. “Nosotros somos oriundos de Rosarito (Baja California), ahí nos criamos con tíos y primos, compartiendo un terreno enorme con vista al mar que heredamos de nuestra abuelita, más conocido como Rancho Altamira, donde viven más de 20 familias.

Por rara coincidencia, todos los integrantes de la comunidad Hinojo que viven en El Altamira son amantes del boxeo, y no pierden oportunidad de calzarse los guantes y fajarse en una pelea de cuatro rounds, en especial con Omar Carrasco, uno de mis primos que ha dedicado su vida a este deporte”, dice Gabriel, que no quita la mirada a aquella pelea improvisada, de la que aprovechamos a robarnos algunas fotos del futuro campeón en acción.

Al terminar la rutina, se acercó a nosotros bebiéndose una botella de agua para hidratarse, buscando recuperar tanta energía consumida. Cuando lo tuvimos enfrente no lo podíamos creer. Aquel boxeador que se movía como un campeón del mundo, que hacia un derroche de fuerza y destreza entre las cuerdas, solo tenía 16 años de edad. Con un físico privilegiado y una sonrisa de niño, “Gabriel mete miedo en cada mano que tira” nos dice Armando Flores, quien asegura que, “cuando madure, estaremos en presencia de un verdadero profesional de este deporte, no sólo por la forma en que se mueve en el ring sino por su potente pegada”, terminó diciendo. Haciendo uso de las enseñanzas que ha recibido de su familia y en el gimnasio, Gabriel esperó su turno, y cuando ya nadie tuvo nada que decir agregó, “tengo 16 años y el 15 de octubre cumplo los 17.

Desde que tengo uso de razón, mi pasión ha sido el boxeo. Cuando tenía 3 años, mi papá me compró mis primeros guantes y un costalito que le costaron 12 dls,” dice Gabriel, mientras se afloja las vendas de su mano derecha. Días pasados, en una velada organizada por El Feroz Vargas en El Silver Nugget Hotel y Casino, los pupilos de Flores se presentaron en representación del gimnasio D.A.I.A. Gallos, donde se alzaron con tremendo triunfo, entre ellos, Gabriel que derrotó a su rival de turno, por decisión unánime en la categoría de 147 libras.

Un poco más adelante, nos contó que cursa el grado 11 de la preparatoria Chaparral High School , y que de no poder concretar sus sueños boxísticos, ya tiene un plan B, que es ser paramédico. A medida que avanzábamos en la entrevista, Gabriel se autodefinió como un peleador técnico, que se siente cómodo en la pelea a distancia, a pesar que sus golpes más desgastantes los hace abajo y en el cuerpo a cuerpo.

Para terminar, cuando le preguntamos quien era su ídolo en el deporte de las narices chatas, no dudó ni un segundo en mencionar a el campeón mundial mexicano Salvador Sánchez, fallecido cuando estaba en plena actividad, en un accidente de tránsito, mientras regresaba de San Miguel Allende a su pueblo natal. Cuando se despidió, haciendo uso de los códigos que su familia y el gimnasio le han inculcado, me miró a los ojos y me dio un apretón de manos, que quedará para el recuerdo.

 

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