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46 mil nevadenses perderán cupones de comida según un propuesto plan federal

En la tienda de comestibles, Carina López reza para que su total no sea mayor a su asignación mensual de cupones de alimentos de 340 dólares.

Eso no es suficiente para alimentar a su familia de cuatro durante todo el mes. Entonces, unas dos semanas más tarde, López (quien dará a luz a su tercer hijo en unas pocas semanas) va al banco de alimentos en Veterans Village para recoger los suministros que, con un poco de estiramiento, los ayudarán.

Ese acto de equilibrio podría ser mucho más desafiante si entra en vigencia un cambio en la regla federal propuesto por la administración Trump.

El cambio afectaría a más de 46 mil nevadenses que actualmente reciben cupones de alimentos del programa, según las estimaciones estatales.

“Sería un golpe devastador si perdemos los cupones”, dijo López esta semana. “Pero trataría de encontrar una manera de salir adelante, tengo que alimentar a mi familia”.

El Departamento de Agricultura de EU anunció el cambio de la regla de cupones de alimentos el mes pasado, informando que cerrará un “vacío legal” para el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP). Se espera que la propuesta (que está abierta para comentarios públicos hasta el 23 de septiembre y luego debe publicarse en el Registro Federal antes de surtir efecto) sea impugnada en los tribunales.

Terminaría con la “elegibilidad categórica”

La medida elimina la “elegibilidad categórica de base amplia”, que permite a algunas personas inscritas en un programa federal, como el Ingreso de Seguridad Suplementario o la Asistencia Temporal para Familias Necesitadas (TANF), calificar automáticamente para cupones de alimentos.

Al menos 40 estados y Washington D.C. brindan beneficios a aquellos que de otro modo no serían elegibles al aumentar o eliminar los límites de ingresos y activos.

Nevada es uno de los estados que permite a los beneficiarios de TANF calificar para cupones de alimentos si ganan menos del 200 por ciento del nivel federal de pobreza.

El cambio restringiría del SNAP a las personas que califican directamente bajo las pautas de nivel de ingresos del programa, que requieren que las ganancias familiares no superen el 100 por ciento del nivel federal de pobreza o el 130 por ciento para las personas discapacitadas o de edad avanzada.

Por ejemplo, una familia de tres que gana más de dos mil 310 dólares al mes ya no calificaría para cupones de alimentos.

Eso agregaría un estrés considerable a los presupuestos ya estirados hasta el punto de ruptura, como el de López.

El esposo de López, José López, gana alrededor de mil 700 dólares al mes trabajando como paisajista y tiene que pagar la manutención de un hijo de una relación anterior, comentó. Eso deja a la pareja (que tiene dos hijas pequeñas) prácticamente en bancarrota después de pagar su alquiler mensual de 840 dólares.

“Es mi trabajo traer la comida”, dijo López en el banco de alimentos a través de un traductor. “Apenas lo estoy logrando; esto es lo único que me ayuda”.

Según el censo anual de personas sin hogar publicado este mes, Nevada tiene la mayor escasez de viviendas asequibles en la nación, y una hogar de una sola persona debe ganar $18.85 por hora para poder pagar un apartamento de dos habitaciones en alquiler justo en el mercado.

Si se aprueba tal como está escrito, la nueva regla de cupones para alimentos eliminaría al 11 por ciento de los residentes del estado del programa, excluyendo a los discapacitados y los ancianos, y hasta 3.1 millones en todo el país, según las estimaciones.

La Oficina de Bienestar Estatal también estima que esta propuesta se traducirá en una disminución aproximada de más de nueve millones de dólares por mes para la economía de Nevada.

“Nunca ha sido un vacío legal”

La organización sin fines de lucro Three Square, el principal banco de alimentos en el sur de Nevada, que brinda asistencia alimentaria a los residentes de los condados de Lincoln, Nye, Esmeralda y Clark a través de casi mil 400 socios de la comunidad, cuestiona la caracterización de la administración de la elegibilidad categórica como un “vacío legal”.

“Nunca ha sido un vacío legal; la regulación no cambió, fue solo la interpretación la que hizo que las personas se dieran cuenta de que si no califican para otros beneficios, aún podrían calificar para SNAP”, explicó Jodi Tyson, vicepresidenta de iniciativas estratégicas para organizaciones sin fines de lucro, que distribuyó más de 39 millones de comidas el año pasado.

“Vamos a afectar a familias trabajadoras quitándoles los beneficios por los que luchan para sobrevivir”.

La discusión sobre el vacío legal llegó a los titulares este año después de que un millonario de Minnesota le informó a los legisladores que podía recibir 300 dólares al mes en cupones de alimentos después de retirarse porque sus ingresos se desplomaron.

Los defensores del cambio afirman que es una cuestión de motivar a las personas a dejar la asistencia pública.

“Lo que queremos es un sistema que no aliente a las personas a tener un estado de dependencia a largo plazo”, detalló Horace Cooper, copresidente de la Junta Consultiva Nacional del Proyecto 21, un grupo político para conservadores afroamericanos. “Queremos que las personas avancen lo más rápido posible hacia la independencia”.

“Estamos en el mejor mercado laboral. Al cambiar las reglas de TANF, estamos alentando a las personas a salir al mercado mientras está en su mejor momento y ser autosuficientes hoy”.

Pero Tyson niega eso, diciendo que la duración promedio de alguien en SNAP es de aproximadamente siete meses.

“Es el programa de red de seguridad más grande contra la inseguridad alimentaria”, agregó.

No ahí por decisión

En Veterans Village, en North 21st Street en Las Vegas, el director ejecutivo Arnold Stalk mencionó que la mayoría de las personas que vienen a su banco de alimentos no quieren acudir allí.

“No es su primera opción; no les gusta”, confesó. “La gran mayoría quiere ser financieramente independiente. Siempre es tan fácil criticar a alguien que recibe asistencia pública porque muchas personas no entienden lo que se siente tener que pedirla”.

El miércoles, en el banco de alimentos de Stalk, López empujó su carrito de compras improvisado hecho de un cochecito de bebé, relleno de panecillos con chispas de chocolate, plátanos, sandías y jugos. Cerca de allí, sus dos hijas pequeñas, Michelle Morales de cinco años y Briyit Morales de tres años, se aferraban firmemente a los lados de una caja de cartón llena de papas.

Cargaron sus víveres hacia North 21st Street y se sentaron a la sombra debajo de un árbol, esperando su viaje a casa.

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