Análisis: El debate republicano termina sin grandes cambios

Marco Rubio salió ileso. Ben Carson defendió su legitimidad. Donald Trump mostró su dominante personalidad. Jeb Bush evitó el desastre.

Con ayuda de unas preguntas poco enérgicas, los aspirantes a la candidatura republicana a la presidencia de Estados Unidos ejecutaron sus estrategias sin mucha resistencia en el debate del martes 10 en horario de máxima audiencia.

Pero la ausencia de momentos decisivos —buenos o malos— mantiene las posiciones en la rebelde campaña a las primarias republicanas, mientras se acaba el tiempo para hacer que los votantes cambien de opinión antes de las fiestas de fin de año. Eso es bueno para los mejor posicionados, los recién llegados Trump y Carson, que han sorprendido a la clase política con una destacable capacidad de mantenerse al frente de los sondeos nacionales. También son buenas noticias para Rubio, que llegó al debate como un objetivo a batir y evitó deslices.

La situación no es tan buena para Bush, otrora favorito de la corriente tradicional del partido y que ahora lucha por mantener su carrera política.

El exgobernador de Florida logró salvarse para luchar otro día tras el programa del martes. Pero en ocasiones se vio superado por otro ejecutivo pragmático, el gobernador de Ohio John Kasich, que acaparó las oportunidades de Bush y dio a sus nerviosos partidarios otro motivo para cuestionar el intento de Bush de recuperar terreno centrándose en New Hampshire.

Los mejores momentos de Bush llegaron al principio de la noche, cuando mostró un lado más combativo con los moderadores, que lo ignoraron durante los primeros 15 minutos.

Pero si a Bush le fue bien el martes, a Rubio le fue mejor.

Bush y el resto de los candidatos ignoraron por completo las cuestiones planteadas esta semana sobre el uso que hizo Rubio de una tarjeta de crédito del partido republicano de Florida durante su periodo en la cámara del estado. La campaña de Rubio había publicado los informes de gastos de dos años apenas unos días antes.

Y ninguno de los candidatos o moderadores se dirigió a Rubio cuando la conversación tocó temas de inmigración, considerados como una debilidad clave del aspirante entre los conservadores que se oponen al plan de Rubio de dar a los migrantes que ya están en el país sin permiso de residencia una vía de obtener la ciudadanía.

En cambio, Rubio pudo presentar su visión de una defensa nacional fuerte y describir su conmovedora historia personal, temas habituales de su campaña y que pudo ofrecer sin interrupción en un programa televisado a nivel nacional.

Carson, un neurocirujano retirado, llegó al debate con el objetivo de defender su historial de forma más agresiva. En los últimos días ha afrontado un intenso escrutinio sobre su historial personal, pero el martes 10 se libró.

Trump, que quizá tenga su mejor activo en su personalidad directa, llegó tras varios meses al frente o casi liderando las encuestas. Hizo poco por cambiar eso, y en ocasiones pinchó a sus rivales y sedujo a los conservadores más estrictos, que apoyan su plan de deportar a millones de migrantes que están en el país sin permiso de residencia.

Después, ante la rápida llegada de la temporada de fiestas y con las ondas cada vez más abarrotadas de avisos de campaña contradictorios, será aún más difícil conseguir la atención de los votantes.

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