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Asistentes de atención domiciliaria equilibran la seguridad personal con el sentido del deber

Después de enterarse de que un cliente anciano había desarrollado síntomas similares a los de COVID-19 a mediados de marzo, la asistente de cuidado personal (Personal Care Aide, o PCA) Kismet Evans llamó inmediatamente a su empleador y se puso bajo cuarentena.

Después de un mes de baja sin paga, Evans volvió a trabajar. Su empleador, A Caring Hand, le proporcionó dos paquetes de guantes, algunos cubrebocas quirúrgicos y un pequeño frasco de desinfectante de manos, comentó.

Regresar al trabajo no fue una decisión fácil, confesó Evans, de 58 años, y añadió que los suministros rudimentarios no le hacían sentir que podía hacer su trabajo con seguridad.

“Estamos fatigados y asustados”, reveló de sí misma y de sus colegas que trabajan para otras empresas de atención de salud en el hogar en el Valle de Las Vegas.

Es un dilema al que se enfrentan muchos de los aproximadamente 11 mil 550 asistentes de salud en el hogar y de cuidado personal en el área de Las Vegas, una cifra que no incluye a algunas enfermeras que trabajan en cuidados paliativos o realizan otras tareas médicas para pacientes confinados en sus casas.

Muchos de los llamados PCAs ganan sólo unos pocos dólares por encima del salario mínimo y se espera que suministren su propio Equipo de Protección Personal (EPP) y suministros de limpieza para que puedan visitar a los clientes en sus casas con seguridad.

“Es ridículo”, criticó Evans, refiriéndose a la práctica de su empleador de distribuir solo un paquete de EPP a sus trabajadores. “¿Saco el dinero de mi bolsillo para comprar desinfectante de manos o compro comida y pago una cuenta pendiente?”

El gerente de Caring Hand, Fernando Jiménez, mencionó que la empresa ha tratado de proveer EPP a sus trabajadores, pero sólo recientemente ha podido obtener cubrebocas faciales para los asistentes de cuidado personal.

La agencia también se limita a comprar una caja de 56 botellas pequeñas de desinfectante de manos a la vez por 160 dólares. Al preguntársele si cree que debería haber una acción legislativa para ayudar a las agencias a obtener equipos de EPP, Jiménez respondió: “Para mí eso sería lo mejor para asegurarnos de que mantenemos a nuestros trabajadores seguros”.

Pese a su baja compensación, los ayudantes de cuidado personal proporcionan un salvavidas crucial a sus clientes confinados en casa, muchos de ellos ancianos o discapacitados. Además de las tareas como hacer las compras y proporcionar compañía, ayudan a los clientes con las actividades diarias esenciales como bañarse, comer y cocinar.

“Sentí que era mi responsabilidad”

Es un trabajo que les hace imposible mantener la distancia con los clientes y los familiares que viven con ellos.

Evans, una nativa de California que se mudó a Las Vegas hace varios años para cuidar a sus padres ancianos (ambos con problemas de salud) dijo que las compensaciones que vienen con el trabajo se han cristalizado por la pandemia de coronavirus.

“Tengo que ser cautelosa porque no quiero que mis padres se enfermen porque, Dios no lo permita, no creo que mi madre sobreviva”, enfatizó.

Pero además de necesitar los ingresos para ayudar a sus padres con la vivienda, la comida y la medicación, Evans confiesa que se sentía obligada con su paciente de 62 años, que se recuperó de su enfermedad pero nunca se le hizo la prueba de COVID-19.

“Después de hablar con mi paciente después de 30 días y oír lo perdida que estaba sin mí y cómo luchaba por intentar mantenerse sin mí, fue desgarrador”, describió Evans. “Sentí que era mi responsabilidad”.

El Review-Journal habló con otros cuatro PCAs, todos ellos hablaron con condición de anonimato porque indicaron que temían represalias de sus empleadores.

Tres de los cuatro, que trabajan para diferentes agencias en el valle, revelaron que también tienen que pagar por sus propios guantes o cubrebocas y no se sienten seguros porque a menudo no pueden encontrar el equipo necesario, que sigue siendo de gran demanda.

Evans comenta que se levanta temprano para tratar de encontrar los suministros que necesita.

“Estoy en las tiendas a las 5 o 6 a.m. en la fila sólo para poder obtener los suministros y así poder protegerme para llegar al trabajo”, recalcó.

Los PCAs tienen razón al preocuparse por su salud, ya que muchos son trabajadores de medio tiempo y no reciben atención médica o licencia por enfermedad a través de sus empleadores, resaltó Brian Shepard, jefe de personal del capítulo de Nevada del Sindicato Internacional de Empleados de Servicios (SEIU, por su sigla en inglés), Local 1107.

De los asistentes de cuidado personal con los que habló el Review-Journal, sólo uno recibió seguro médico a través de sus empleadores.

La baja pagada por enfermedad levanta preguntas

Aunque trabajan con una población que corre un mayor riesgo de desarrollar complicaciones graves si contraen COVID-19, todos los asistentes también dijeron que no se les había dado una orientación clara sobre si se les pagaría si tenían que ponerse bajo cuarentena después de estar expuestos a la enfermedad. Tampoco se les explicó lo que debían hacer si un cliente se exponía al coronavirus, reportaron.

Jiménez, gerente de A Caring Hand, replicó que la agencia cuenta con una política clara sobre el tratamiento de COVID-19.

Cuando un paciente fue diagnosticado con COVID-19, el cuidador fue puesto inmediatamente en cuarentena, afirmó. Ese empleado sigue en cuarentena, aunque Jiménez no reveló si el trabajador había dado positivo.

Si un empleado cree que ha estado expuesto al coronavirus en el trabajo, la agencia lo refiere a la UNLV para que se haga la prueba. Los empleados que dan positivo obtienen un permiso pagado, según Jiménez. Si un ayudante se siente incómodo yendo a una casa, puede elegir no ir, añadió.

El salario promedio por hora de los ayudantes de cuidado personal es de 11.47 dólares con un salario promedio anual de 23 mil 850 dólares. Por lo general, se requiere un certificado de preparatoria o equivalente para los trabajos de nivel inicial, aunque los empleados también deben completar una capacitación y exámenes formales a través de sus agencias, según un informe de mayo de 2019 de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos.

Shepard, el funcionario del sindicato, argumentó que eso crea una situación en la que tanto el trabajador como el cliente están en peligro.

“Estos trabajadores están mal pagados, eso es un enorme riesgo para la salud pública”, puntualizó.

SEIU está organizando a los trabajadores de la atención domiciliaria en un esfuerzo por cambiar el sistema. El plan no es negociar con empleadores individuales, sino presionar para que se tomen medidas legislativas para abordar el tema, según Shepherd.

Para llamar la atención sobre el tema, Local 1107 envió una petición exigiendo más protecciones para los trabajadores de cuidados en el hogar, incluyendo acceso a EPP, capacitación, exámenes, pruebas, licencias por enfermedad obligatoria y sus clientes a la oficina del Gobernador Steve Sisolak el mes pasado.

“Existe la forma en que el sistema está estructurado ahora mismo, que está amañado contra los trabajadores de cuidados en el hogar. Históricamente, se han escrito leyes que proveen protecciones básicas en el lugar de trabajo”, subrayó Shepherd. “Estamos organizando a la gente para pedir la mejora de las normas, abogando por un sistema de cuidado a largo plazo sostenible. Eso va a requerir acción legislativa, así es como los trabajadores de cuidados en el hogar ganarán salarios dignos y beneficios básicos”.

Evans, que está de acuerdo en que se necesitan arreglos legislativos, añadió que los clientes sufrirán si no se abordan los problemas de larga data de la industria.

“Somos su familia extendida, abogando por ellos con SNAP (el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria) y los médicos”, concluyó. “No queremos abandonarlos”.

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