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El cierre de Nellis bloquea a los militares retirados de la farmacia

Cuando el suboficial jefe retirado de la Marina, Richard Gray, y su esposa, Sheila, pudieron ir a la farmacia de la Base Aérea de Nellis, recogieron sus recetas con cobertura total y sin copagos.

Pero ahora, su única opción es fuera de la base, y los 16 medicamentos que toman entre los dos cuestan más de dos mil dólares al mes de su bolsillo en Walgreens.

En virtud de la emergencia de salud pública de la base, pausada el 3 de abril y renovada el 4 de mayo en respuesta al brote de coronavirus, sólo los miembros uniformados, sus dependientes y los empleados civiles contratados esenciales están permitidos en la base, incluyendo en la farmacia.

La farmacia de Nellis fue puesta fuera de los límites para los jubilados el 10 de abril, dejando a miles de viudas y jubilados de los militares locales, muchos de los cuales viven con ingresos fijos, excluidos de los medicamentos gratuitos a los que tienen derecho. Ahora están sujetos a copagos que pueden sumar rápidamente cientos de dólares.

“Es muy cruel, ¿estás excluyendo a todos estos veteranos retirados porque somos una amenaza para la misión de la base?” cuestionó Sheila Gray. “¿Por qué excluyen a este grupo que luchó por su derecho a estar allí?”

Los jubilados tienen otras opciones: Pueden surtir su receta a través del servicio de entrega a domicilio llamando a ExpressScripts, lo que requiere que el médico presente la receta electrónicamente, o una farmacia minorista puede llamar a la Farmacia Nellis Refill para solicitar una transferencia de recetas.

Pero esas opciones tienen un costo de bolsillo.

800 dólares al mes por receta

Para los que tienen pocas recetas, el gasto adicional puede ser mínimo, pero para otros como Richard Gray, de 72 años, que cumplió 22 años y fue dado de alta médicamente, sólo su medicamento para el asma cuesta alrededor de 800 dólares al mes.

Gray, quien también es diabético y ha luchado contra el cáncer de próstata desde 2009, señaló que siente que está siendo tratado como un “ciudadano de segunda clase”.

Algunos jubilados afirman que entienden la gravedad del virus, pero la farmacia de la base es una operación “drive-thru”, y no entienden por qué Nellis no ha seguido el ejemplo de muchas otras bases que han hecho ajustes para permitir a los jubilados obtener sus medicamentos.

Los funcionarios de Nellis dicen que examinaron una variedad de soluciones, y “en última instancia, limitar el acceso a la base a los miembros uniformados, sus dependientes y a los empleados civiles y contratados esenciales fue la decisión prudente de proteger a nuestra población de jubilados, nuestro personal y sus familias, mientras se aseguraba el éxito de nuestras misiones críticas”.

“Entendemos que estas restricciones de acceso a la base temporal son frustrantes, pero son necesarias para proteger a toda nuestra población de Nellis mientras seguimos llevando a cabo nuestras misiones críticas. Los servicios de farmacia satelital estarán disponibles los fines de semana en la Fase IV de nuestro plan de reapertura por etapas, cuyos detalles se espera que se den a conocer en las próximas semanas”, mencionaron los funcionarios en un comunicado.

El sargento mayor de la Fuerza Aérea, David Pacheco, señaló que entendía que tomaría “un par de semanas para formular un plan y organizarse” pero no esperaba que el cierre durara tanto tiempo.

“Fui a Vietnam cuatro veces”, señaló. “Pasé un año entero en Corea, me perdí numerosas celebraciones, cumpleaños, eventos escolares, Navidades, para ganar el beneficio que me prometieron y ahora para que me lo quiten, no creo que sea justo”.

El cierre de la base se produjo después de que los oficiales anunciaran el 19 de marzo que un miembro del servicio de la OTAN que estaba en la base dio positivo en COVID-19.

Al menos 51 casos de COVID-19 en la base

Fue el primer caso confirmado en Nellis, y el hombre, que visitó la base para los ejercicios de Bandera Roja, entró en aislamiento cuando surgieron los síntomas, dijeron las autoridades en ese momento.

Los oficiales de Nellis se han negado a revelar el número total de casos de COVID-19 en la base. Pero en un correo electrónico obtenido por el Review-Journal y fechado el 23 de abril, el Coronel Cavan Craddock, comandante del Ala 99 de la Base Aérea, le mencionó al personal que se habían administrado mil 83 pruebas en el hospital de Nellis y que 51 dieron positivo.

La base está en la Fase Dos de su plan de reapertura y sólo pasará a cada nueva fase después de que se cumplan y se mantengan criterios específicos, como que no haya cambios significativos en los casos positivos de COVID-19, una sólida capacidad de pruebas, capacidad de aumento de la capacidad del hospital y amplias medidas de rastreo, durante al menos dos o tres semanas.

La Fase Tres implicará el regreso de todo el personal de la base, pero se permitirá el teletrabajo cuando sea aplicable, indicaron los oficiales.

En la Fase Cuatro se eliminará la alerta de salud pública y se restablecerá el acceso a la base para todos los usuarios que reúnan los requisitos, incluidos los jubilados, sólo los fines de semana. Los cubrebocas y el distanciamiento social permanecerán requeridos y se exigirán en el economato, la comisaría y la farmacia satélite.

La Fase Cinco incluirá el pleno acceso a la base para todas las personas que reúnan los requisitos. Los requisitos de distanciamiento social se reducirán hasta que ya no sean necesarios.

El teniente comandante de la marina, Kenneth Knudson, de 82 años, mencionó que sus 18 medicamentos están listos para ser repuestos el 1º de junio, y se sorprendió al enterarse de que la base estaba cerrada a los jubilados.

“Me sorprendió, casi no lo podía creer”, admitió, añadiendo que la base fue un factor importante en su decisión de mudarse a Las Vegas. “Necesitamos esto, necesitamos algunas respuestas. Nuestro país nos ha dado la espalda en este momento”.

El veterano de la guerra de Corea y retirado capitán de la marina, Bill Dennison, de 86 años, consideró que cerrar la base a los retirados era “un pecado, en lo que a mí respecta”.

“Nos aseguramos de que la gente delante de nosotros recibiera lo que se le prometió. ¿Por qué tenemos que pagar por algo? El acuerdo era que no tendríamos que hacerlo”, concluyó. “No hay justificación para eso a mis ojos, supongo que no era tan importante como creía”.

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