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El futuro es incierto a medida que el impacto del coronavirus afecta las zonas rurales del sur de Nevada

Mientras que el nuevo coronavirus ha atrofiado la vida diaria en el Valle de Las Vegas, los rincones rurales del sur de Nevada también están luchando, pero con muchos menos recursos para ayudarles a hacerle frente.

En comunidades dependientes de los juegos de azar como Mesquite y Laughlin, donde el daño económico de los casinos cerrados es cada vez mayor, el estado de ánimo que prevalece es lo que un residente del primero llamó “pánico moderado”, pese a que no se han reportado casos de COVID-19 en ninguna de las dos ciudades.

“Se sabe que hay pánico en las compras, pero he oído que ha habido peleas en Smith’s por la mañana por los alimentos que se ponen en los carritos”, comentó Ray Schroeder, un veterano de la Guerra del Golfo. “Es un extraño momento de apocalipsis para nosotros. En efecto, el coronavirus es un recordatorio de la mortalidad, y eso nos asusta”.

Pero en otros enclaves de los Condados Clark y Nye visitados por tres equipos de reporteros del Review-Journal el martes, el clima era tan variable como el tiempo de primavera.

“¡Los extrañamos!”

En Logandale, a unas 55 millas al noreste de Las Vegas, los residentes asistieron a un desfile en honor de los profesores de la escuela primaria Grant Bowler, tocando las bocinas y saludando a los estudiantes y padres que se encontraban en la acera en grupos.

Los adultos y los niños vitoreaban y saludaban mientras los profesores pasaban. Los estudiantes sostenían carteles con mensajes como “¡Los extrañamos!” y gritaban “hola” cuando veían a sus profesores.

“Están haciendo muchas cosas como esta”, dijo Camille Christiansen, una madre de la Primaria Bowler que asistió al desfile. “En el día de San Patricio organizaron la caza del trébol. Otros días, han tenido las cazas de arco iris. Hoy, los maestros querían hacer un desfile para practicar el distanciamiento social pero aún así hacerle saber a los niños que los maestros no se han olvidado de ellos”.

Las cosas estaban mucho más calmadas en la ciudad de Beatty del Condado Nye, en gran parte porque un residente había dado recientemente positivo en la prueba de COVID-19, según el director, Chris Brockman, quien supervisa las escuelas de Beatty y del cercano Valle de Amargosa.

El hombre, que tiene 60 años, fue declarado “recuperado” el martes por los funcionarios del condado después de completar una auto-cuarentena de 14 días. Pero antes de enfermarse, había visitado muchos establecimientos de la ciudad, incluyendo la oficina de correos, la tienda de todo a un dólar, la parada de viajes Eddie World y la gasolinera Rebel.

Eso llevó a muchos residentes a resguardarse en sus casas, donde se han quedado en gran parte desde entonces, aseveró Brockman.

“Estamos limitados aquí y en Beatty”, señaló, refiriéndose al hecho de que solo hay una clínica de salud en la ciudad sin capacidad para hacer pruebas de coronavirus. “Sé que todos están haciendo lo mejor que pueden, pero en mi opinión, si van a hacer las pruebas deberían tener múltiples unidades de pruebas en las comunidades rurales”.

Tal vez como resultado de la nueva mentalidad de “búnker”, los estantes del Mercado Martell en el Valle de Amargosa estaban bien surtidos, con muchos artículos como pan, tortillas, productos enlatados y entradas congeladas. Incluso había unas pocas cajas de naranjas recientemente recibidas de Florida, reportó el propietario, Ed Martell.

Lo único que se le ha acabado es el papel higiénico, y ha visto a la gente comprar más desinfectantes y productos de limpieza.

“Tratamos de servir lo más posible a la gente de aquí para que no tengan que ir hasta Las Vegas”, mencionó su esposa, Sunny, añadiendo que el poder permanecer cerca de casa es una buena manera de evitar el virus.

‘Límite de uno por cliente’

No fue así en las dos tiendas que aún están abiertas en Searchlight, a unas 60 millas al sur de Las Vegas.

En la gasolinera Rebel, un letrero en las puertas de cristal decía, “Mientras duren las provisiones: Desinfectante, leche, agua, pan, y paquetes de papel higiénico (límite de uno por cliente)”.

La tienda es el lugar donde los locales consiguen el mínimo de comestibles, ya que la tienda de servicio completo más cercana está a más de 30 millas de distancia. El servicio de urgencias más cercano está a unos 45 minutos en Laughlin; el hospital más cercano está a millas de distancia en Bullhead City, Arizona.

Los límites llegaron después de que oleadas de personas llegaran a la pequeña ciudad para comprar comestibles y papel higiénico mientras el pánico se apoderaba del Valle de Las Vegas, aseveró Alisha Lewis, gerente del cercano Motel El Rey.

“Este pequeño pueblo se trata de la comunidad, pero la gente que viene de fuera está tomando todos los recursos que pueden de nosotros”, criticó. “Debido a la gente de la gran ciudad, no podemos conseguir lo que necesitamos. Tenemos nuestras tiendas locales, y eso es todo”.

Un negocio “esencial” en la ciudad, la lavandería Bubbles ‘n’ Bleach, sigue haciendo negocios y se esfuerza por cumplir con la reciente orden de emergencia del Gobernador Steve Sisolak.

La gerente Lynn Hess permite solo una o dos personas a la vez en el edificio de color pastel en forma de túnel, y solo pueden venir con cita previa.

Se les permite lavar su ropa solo si cumplen con sus reglas, escritas a mano cuidadosamente en hojas de papel rayado: Usar un limpiador antibacterial, no cloro, para limpiar el interior y el exterior de cada máquina antes de usarla y otra vez después.

Y hagas lo que hagas, “¡NO SACUDAS TU ROPA! Esto propaga el virus”, escribió.

“Si siguen las reglas, entonces podemos permanecer abiertos”, afirmó Hess, quien destacó que está viendo solo un tercio de los clientes habituales en estos días.

“Nos aniquilará a todos”

“No quiero que me dé esa cosa, no quiero que a mis clientes les dé”, añadió Hess, señalando que cuida de su madre de 87 años, que está en el grupo de edad más vulnerable a la enfermedad.

“Solo esperamos y rezamos para que no llegue a la ciudad, porque si lo hace, nos aniquilará a todos”, recalcó.

Más al sur, en Laughlin, el Banco de Alimentos del Río Colorado estaba haciendo negocios enérgicos el martes, proporcionando comidas a 151 familias de Laughlin, Searchlight y al otro lado del río en Arizona.

La ciudad del río ha sido duramente afectado por el cierre de sus casinos, incluyendo el Riverside Resort de Don Laughlin, el Aquarius y el Colorado Belle.

La gran concurrencia no sorprendió a Carol Rossi, una voluntaria del banco de alimentos.

“Bueno, 151 es lo que solemos hacer en los primeros días del mes, pero con ocho mil personas sin trabajo en los casinos de aquí, ¿qué hacemos?” cuestionó, limpiando los pasillos y checando el inventario, que incluía mucha comida donada por los casinos cerrados. “Acabamos de tener una alta afluencia de gente porque ahora están en una situación más desesperada”.

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