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Extremistas emergentes inspiran nuevas preocupaciones a las fuerzas del orden

Cuando Ronald Sandlin y Nathaniel DeGrave comparecieron el mes pasado ante el tribunal federal de Las Vegas acusados de participar en los disturbios del Capitolio, los fiscales no pudieron vincularlos a ningún grupo extremista.

No eran miembros de los Proud Boys ni de Oath Keepers, acusados de conspirar para planear el mortal ataque del 6 de enero contra el Congreso. Y ambos hombres no tenían antecedentes penales graves.

Pero al igual que otros cientos de personas atrapadas en la turba del Capitolio, compartían algunas de las mismas quejas, en particular la falsa creencia de que las elecciones fueron robadas al ex presidente Donald Trump.

Agentes inmobiliarios, empresarios, profesionales, policías, militares y veteranos se sumaron al ataque junto a grupos extremistas pesados, según expertos y medios de comunicación nacionales.

“Emergiendo en este momento hay una especie de clase más grande de individuos que aceptan completamente las conspiraciones y la desinformación que han sido ampliamente vendidas desde los niveles más altos de nuestro país, incluyendo a nuestro ex presidente”, dijo Joanna Mendelson, directora asociada del Centro sobre el Extremismo para la Liga Antidifamación (ADL, por su sigla en inglés). “Esto no es algo que vaya a desaparecer”.

En el sur de Nevada, las autoridades son conscientes de la ampliación del espectro del extremismo, alimentado en parte por los meses de aislamiento del COVID-19 y el desahogo en línea.

Y están preocupados.

“Vivimos ahora en un mundo en el que los agravios pueden establecerse muy rápidamente, solidificarse charlando con otras personas en plataformas de medios sociales especiales o grupos en línea, y luego se actúa inmediatamente después”, comentó el subjefe Andy Walsh, que supervisa la División de Seguridad Nacional del Departamento de Policía Metropolitana.

“El reto para las fuerzas del orden es determinar la diferencia entre alguien que sólo está despotricando y alguien que es capaz de llevar a cabo un acto de violencia masiva”.

En un informe de este mes, el Southern Poverty Law Center reveló que la proliferación de plataformas extremistas en Internet ha permitido que la gente se involucre con movimientos potencialmente violentos como QAnon y boogaloo “sin ser miembros con identificación” de ningún grupo.

El abogado de Sandlin en Las Vegas, Russell Marsh, comentó en una entrevista que su cliente “simplemente se vio arrastrado a ello por su apoyo al ex presidente Trump.” El defensor público de DeGrave le comentó al juez que DeGrave era un “seguidor”, no un líder.

Los fiscales federales vincularon a Sandlin con dos agresiones distintas a agentes de la ley en el Capitolio y calificaron su conducta de “extremadamente preocupante”. Se le acusa de haber intentado arrancar el casco a un agente y de haberse involucrado en una pelea a empujones con otro agente.

DeGrave llevaba chaleco antibalas y equipo táctico durante la agresión y se puso agresivo, según los fiscales. Ambos hombres intercambiaron mensajes en Facebook durante la semana anterior a la agresión.

Presión sobre las fuerzas del orden

Brian Levin, director del Centro para el Estudio del Odio y el Extremismo de la Universidad Estatal de California en San Bernardino, comentó que la expansión del extremismo está poniendo más presión sobre las autoridades policiales.

“Se va a producir todo un cambio en el horizonte de las fuerzas del orden sobre cómo hacer frente a esta nueva insurgencia”, señaló. “Las fuerzas del orden tendrán que obtener un nuevo control sobre cómo coordinar la inteligencia y comprometerse con varios grupos en los eventos conflictivos. Estos grupos creen que hay una corriente de apoyo a lo que están haciendo, y eso nos indica la profundidad de la polarización”.

Walsh dijo que las autoridades ahora deben considerar el radicalismo doméstico de la manera en que se enfocaron en las amenazas internacionales de terrorismo en los años después del 11 de septiembre de 2001, de grupos como Al Qaeda y y ISIS.

“Los elementos son básicamente los mismos”, aseveró. “Se sienten privados de derechos, tienen un agravio, encuentran a otros que se identifican con ellos y pasan a la acción, ya sea individualmente o en grupo”.

El fiscal jefe adjunto del distrito, Michael Dickerson, que ha llevado el caso de terrorismo contra los presuntos miembros del movimiento derechista Boogaloo, comentó que en 2020 vio a muchas más personas atrapadas en sus casas a causa de la pandemia del COVID-19 conectándose con otros y expresando sus frustraciones en línea.

A veces se han auto-radicalizado, agregó Dickerson.

“Puedes potencialmente ir a Internet y meterte en una madriguera de teorías conspirativas para ponerte en un bucle de retroalimentación negativa”, explicó. “Sigues adentrándote más. Entonces, tomas decisiones sin tener en cuenta las consecuencias de tus actos”.

Extremismo y odio

Nevada ha visto varios casos de extremismo y delitos de odio en los últimos años.

Algunos ejemplos:

– Dos revolucionarios autodenominados antigubernamentales, Jerad y Amanda Miller, mataron a tiros a los policías de Las Vegas Alyn Beck e Igor Soldo en una pizzería en junio de 2014. La pareja, impregnada de teorías conspirativas, murió tras un tiroteo con la policía en un Walmart cercano. Un tercer hombre, Robert Wilcox, fue asesinado por Amanda Miller cuando intentaba detener a la pareja en el Walmart antes de que apareciera la policía.

– Según informes, los miembros de un grupo neonazi conocido como División Atomwaffen pasaron tres días en el desierto de Nevada, cerca de Death Valley, en enero de 2018, realizando un entrenamiento con armas. Personas con vínculos con el grupo fueron acusadas en varios asesinatos fuera de Nevada, según la organización de noticias sin fines de lucro ProPublica.

– Matthew Wright, un hombre de Henderson y presunto seguidor de la conspiración QAnon, fue condenado a prisión en diciembre por utilizar su vehículo blindado para bloquear un puente cerca de la presa Hoover y hacer una amenaza terrorista en un enfrentamiento con las autoridades en junio de 2018. Su abogado dijo que protestaba por la gestión del gobierno en el tiroteo masivo del 1º de octubre de 2017 en el festival Route 91 Harvest de Las Vegas.

– Connor Climo recibió una condena de prisión en noviembre por planear ataques violentos en 2019 contra la Liga Antidifamación y una sinagoga de Las Vegas. Los fiscales federales alegaron que Climo se había comunicado con personas vinculadas al grupo supremacista blanco Feuerkrieg Division.

– John Dabritz, descrito por las fuerzas del orden como una persona con signos de extremismo antigubernamental, fue acusado de la muerte a tiros del sargento Ben Jenkins, de la Nevada Highway Patrol, en marzo de 2020. El caso fue señalado por la ADL como uno de los 16 casos en los que la policía y los extremistas intercambiaron disparos en 2020. El juicio de Dabritz está previsto para septiembre.

– Tres presuntos miembros del movimiento derechista Boogaloo fueron acusados en junio en un plan para causar violencia en las protestas de Black Lives Matter. Stephen Parshall, Andrew Lynam y William Loomis se enfrentan a cargos por delitos graves, entre ellos terrorismo y conspiración para causar destrucción con fuego y explosivos. Los juicios les esperan este mismo año.

– Los miembros de los Proud Boys aparecieron en las protestas de ReOpen Nevada y Black Lives Matter en Las Vegas y Reno el año pasado. Los expertos los han descrito como “luchadores callejeros racistas” de extrema derecha conocidos por participar en reyertas con grupos de izquierda. Los Proud Boys celebraron un encuentro nacional llamado WestFest en Las Vegas en septiembre de 2017.

El enfrentamiento de Bundy

En uno de los enfrentamientos antigubernamentales más notables de Nevada, el ranchero de Bunkerville, Cliven Bundy y sus partidarios de la milicia, se enzarzaron en un enfrentamiento armado con la Bureau of Land Management (BLM) en abril de 2014 por la redada de su ganado por parte de la agencia federal.

Bundy y varios de sus partidarios, incluidos algunos de sus hijos, fueron acusados del enfrentamiento. Sin embargo, un juez federal determinó más tarde que el gobierno había actuado de forma incorrecta en este caso de gran repercusión y desestimó los cargos contra Bundy y sus hijos.

Uno de esos hijos, Ammon Bundy, apareció recientemente en los titulares por sus acciones contra el gobierno en Idaho y otros lugares del noroeste, como parte de un nuevo grupo que formó en 2020 llamado People’s Rights, para organizarse contra las restricciones por el coronavirus y otras extralimitaciones implementadas por el gobierno.

Bundy, de 45 años, conocido por ser uno de los líderes de la mortífera ocupación en 2016 del Malheur National Wildlife Refuge, en Oregón, le comentó recientemente a Los Angeles Times que su nueva red de base contaba con unas 50 mil personas en 35 estados. La red, que describió como “vigilancia vecinal en esteroides”, ha reclutado a través de las redes sociales.

El Southern Poverty Law Center sugirió que Bundy está intentando construir una “red de activistas de derechas, a menudo antigubernamentales” que pueda movilizarse rápidamente en caso de necesidad.

Bundy no respondió a una solicitud de comentarios.

Joshua Martínez, de 32 años, director de la operación en Nevada, mencionó que el grupo todavía se está organizando aquí, pero que tiene 415 miembros.

“Defendemos los derechos de todo el mundo”, señaló Martínez, que se define como un “gran” fan de los Bundy. “No importa si eres liberal o republicano. Intentamos utilizar el megáfono”.

Cliven Bundy, de 74 años, que pasó dos años entre rejas mientras luchaba por su caso criminal, dijo en una entrevista que su hijo sólo trata de dar apoyo a la gente cuando ve que se les trata injustamente.

Desde que su propio caso fue desestimado hace tres años, Bundy asevera, su vida se ha limitado a criar ganado y cultivar melones en su rancho.

Pero sigue contándose entre el creciente número de estadounidenses descontentos con el gobierno.

Dijo que no apoyó a la turba que se movilizó contra el Capitolio, pero que sigue siendo partidario de Trump, pues cree que le robaron las elecciones al ex presidente.

Bundy también añadió que no cree que Trump incitó los disturbios.

“Era el presidente de Estados Unidos”, señaló Bundy. “Él no lo aprobó. Hizo que la gente fuera allí y se uniera a él para protestar. Pero les dijo que subieran y fueran pacíficos”.

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