Jóvenes inmigrantes vencen retos

En el sur de Nevada hay una gran cantidad de jóvenes hispanos que cada día se esfuerzan por sobresalir y llegar a ser una persona que contribuya a esta sociedad. El Tiempo presenta a tres estudiantes universitarios que son un ejemplo contundente de que todo es posible y únicamente hay que fijarse una meta para después enfocarse para que se haga realidad.

La primera persona de esta historia es Karen Szwed, una joven de 19 años de edad originaria de Hermosillo, Sonora, México; pertenece a la sexta generación de una familia que se dedica al espectáculo circense. Actualmente cursa la carrera de Educación Especial en el Colegio del Sur de Nevada y su meta profesional a futuro es especializarse también en el ramo de la danza y psicología para ser profesora de baile para niños con discapacidad, ya que considera el baile como una terapia que puede cambiar la vida de una persona.

“En el circo trabaje desde los 4 años en un acto con perros y después cuando tenía 6 años empecé a trabajar como trapecista. Cuando estaba en el circo mi mamá me daba clases por correspondencia, llegaban los libros a mi casa y ahí estudiaba. Después, tenía que enviar los exámenes mediante el programa CONAFE, el cual lo otorga el gobierno de México en lugares donde no hay escuelas. Aprendí a hablar mejor el español y después me fije la meta de ayudar a niños que requirieran clases especiales, le dije a mis padres que quería quedarme en algún lugar fijo para poder ir a la escuela pública y a la universidad; fue así cuando a mis 13 años de edad venimos a Las Vegas”, comentó Szwed.

Debido a la profesión que desempeñaba su familia, Karen de ascendencia mexicana y argentina, visitó prácticamente todas las ciudades de México donde llevó alegría y diversión a cientos de familias en grandes ciudades y pueblos pequeños. Actualmente continúa en el ramo del entretenimiento para poder costear sus estudios en los cuales ha obtenido un promedio académico alto.

“Ahora mi mamá trabaja en una joyería y mi papá en una bodega. Yo aún hago muchas cosas que tienen que ver con el show, trabajo en Planet Hollywood para el mago Nathan Burton, soy DJ en el Fremont del Downtown, hago cualquier cosa que tenga que ver con el entretenimiento. Por ahora trabajo en eso a la misma vez que estudio, pero cuando termine mi carrera espero culminar todo lo que tenga que ver con el espectáculo y empezar la siguiente etapa de mi vida, hay una edad para todo”.

“No tengo ningún estatus legal, estar en el circo me afectó en eso porque entré al país legalmente y para aplicar para la Acción Diferida (DACA) debía haber entrando ilegalmente, tenía visa hasta hace unos años, apenas ahora se me terminó. Cuando no tienes algo es cuando más lo deseas; me encantaría ser ‘dreamer’, es una gran posibilidad, eso es grandioso pero a mí no me la dan”, añadió la joven artista circense.

Desde los 13 años, la joven artista se planteó la meta de ayudar a niños con discapacidad debido a una situación familiar que vivió; ya que dos de sus primos nacieron con autismo y le llamó la atención que algunos integrantes de su familia no sabían cómo convivir con niños especiales; fue entonces cuando decidió estudiar por sí misma para poder involucrarse en el tema desde esa edad.

“Como maestra de baile para niños especiales me gustaría tener mi propia empresa u organización sin fines de lucro. Es importante que la gente sepa más, se puede hacer una diferencia y yo quiero ser una persona que haga esa diferencia”, acotó Karen Szwed.

El segundo estudiante destacado es Pedro Emmanuel Navarro quien actualmente cursa la carrera de Trabajo Social en la Universidad de Nevada Las Vegas y es un claro ejemplo de que nada es imposible. A sus 26 años de edad puede estudiar y trabajar pese a ser una persona invidente.

“Tengo 10 años en este país, soy originario de Toluca, México donde viví hasta los 16 años, mi papá siempre trabajó fuera de casa. A los 16 años ya me habían detectado mi condición retinitis pigmentosa, una enfermedad degenerativa de la retina, la cual me dijeron que no tenía cura. Fue hasta mis 15 años cuando esa situación empezó a causarme más problemas y el doctor dijo que esa enfermedad poco a poco me iba a dejar invidente”, mencionó Navarro.

Ante esta situación, los padres de Pedro decidieron que la mejor opción para su hijo era traerlo a vivir a Estados Unidos con la esperanza de que hubiera diferentes avances médicos que le ayudaran a superar esta enfermedad visual, sin embargo, no fue así.

“Aquí hice 2 años de High School, para mis 17 años ya no podía ver el pizarrón o leer un libro, ya me costaba trabajo caminar solo, desafortunadamente nosotros no sabíamos el lenguaje ni el sistema educativo de aquí; buscamos ayuda dentro de la escuela sin conseguirla. No sé cómo le hice pero pude terminar mi High School, mis papás buscaron información sobre colegios y terminé asistiendo al Colegio del Sur de Nevada”, compartió Pedro Emmanuel.

Debido a su situación migratoria, este estudiante no ha podido tener acceso a diversos servicios médicos o aparatos como lo es un simple bastón que le ayudaría a ser más independiente. Gracias a una organización no lucrativa, Pedro recibió a un compañero muy especial, su nombre es Tyler, un perro guía que lo ha acompañado en su vida cotidiana por los últimos 7 meses.

“Soy legalmente ciego, lo que una persona ve en 800 pies, yo apenas lo veo en 20 pies, otro ejemplo, cuando vas al doctor y te ponen el pizarrón con diferentes letras yo ya no veo ninguna, solo veo colores, figuras y sombras. Es mucho mejor valerme por mi compañero Tyler porque me da más independencia, el bastón ayuda a localizar obstáculos pero el perro guía te ayuda a evitar los obstáculos. Es una gran ventaja porque ya no tienes el riesgo de pegarte con la pared o no alcanzar a sentir el filo de las banquetas, de noche ya no veo nada y el perro me ayuda a dirigirme hasta el área donde espero mi transporte”, añadió Navarro.

Desde el 2013, Pedro Emmanuel estudia Trabajo Social en UNLV con la finalidad de poder ayudar en el futuro a personas que estén en su posición o que hayan padecido del abuso de sustancias ya que desea enseñarles que si se lo proponen pueden continuar con su preparación académica para llegar a ser personas productivas para la sociedad.

“Vengo de una familia muy humilde, mi papá y mi mamá trabajan, ambos reciben el sueldo mínimo. Mi mamá tiene un problema crónico de salud, sufre de lupus, lo que gana es para cubrir sus gastos médicos que a veces no alcanzan por el costo tan alto del tratamiento. Trabajo para mantenerme y pagar mi universidad. Uno de los incentivos que me motivan a seguir adelante es poder ayudar a mi familia, retribuir un poco de lo que me han dado, mi mamá es mi motor, me ayuda a seguir adelante y no darme por vencido a pesar de todas las barreras que tengo en mi camino”, manifestó Pedro.

El joven estudiante trabaja desde hace cinco años archivando los récords médicos de una clínica visual utilizando tecnología especial la cual también emplea para realizar sus tareas y estudios de la universidad. Todos los días se despierta desde las 5:30 de la mañana para acompañar a su madre al trabajo y esperar el servicio de transporte para personas con discapacidad que lo lleva diariamente a UNLV.

“Perder un sentido es algo muy fuerte, es como perder a un ser querido, vas por el proceso de luto. Hay que demostrar que existen otras maneras en que puedes seguir con tu vida cotidiana, lo único que va a cambiar es la forma de hacer las cosas con algunos tipos de asistencia”, comentó Navarro.

La tercera estudiante destacada es Jatziry Azucena Yáñez, una ‘dreamer’ de 19 años de edad originaria de Chihuahua, México que cursa la carrera de Administración de Negocios Internacionales en CSN, ella desea ser una profesionista exitosa para poder ayudar a su familia ya que es la mayor de cuatro hermanos.

“Estaba muy nerviosa por graduarme de la High School, sabía que eso era gratis por parte del gobierno pero sí me llegaban los nervios por pensar que iba a hacer al terminar, sabía que mis padres no tienen los recursos para pagar el colegio o no poder tomar ayuda del gobierno por no ser ciudadana ni residente, siempre quise buscar la forma de continuar mis estudios porque sé que de triunfar podré sacar a mi familia adelante”, mencionó Yáñez.

Jatziry desde los 15 años ha trabajado en salones de belleza para poder solventar sus gastos, en cuanto se enteró de que podía aplicar para la Acción Diferida de DACA decidió ahorrar dinero a base de mucho esfuerzo y laborando largas jornadas para poder costear el trámite.

“Es mi tercer semestre, tengo 3 trabajos, vengo de una familia que no tiene los recursos para darnos lo que necesitamos, nos dan lo básico que es algo que les agradezco con mucho amor pero también lo hago por independizarme. Tengo 3 hermanos menores y para mí lo más importante sería que mis padres se encargaran de ellos y yo encargarme de mi misma que soy mayor”, expresó la joven ‘dreamer’.

Jatziry Azucena mantiene un promedio destacado el cual le permite continuar luchando por sus metas profesionales ya que desea estudiar una maestría y doctorado en negocios, y en un futuro establecer su propio restaurante de mariscos pensando en crear un concepto novedoso.

“Hay muchos estudiantes que tienen los recursos para poder seguir con su carrera, el gobierno puede pagársela y no lo aprovechan. Todos los jóvenes que tenemos DACA en cuanto nos dieron la oportunidad de seguir estudiando lo hicimos, nos metimos a trabajar ya que nos pidieron ciertos requisitos de que teníamos que estar trabajando para poder tener el permiso”, precisó Yáñez.

 

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