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La comunidad de Rachel se prepara para las grandes multitudes del evento “Invasión a Área 51”

RACHEL — Agua fluía desde el baño de hombres hacia el restaurante y el bar de Little A’Le’Inn, recuerda la copropietaria Connie West, por lo que hizo lo que siempre hace en esa situación (al menos cuando su hijo Cody Theising no está alrededor), se arremangó, entró y arregló el problema.

“Cuando estás aquí, a 150 millas de distancia de fontaneros, carpinteros o cualquier cosa”, comenta West, “aprendes cómo hacer todo tú mismo”.

“O, si no lo haces, terminas nadando en estas aguas”, interrumpió Theising.

Es poco lo que él, West y su sobrina Samantha Travis no han abordado mientras dirigen el único negocio entre este pequeño surtido de casas que se destaca por el fenómeno del evento “Invasión a Área 51”.

Han sacado a personas de autos destrozados y una vez liberaron a un motociclista después de que quedara atrapado en una cerca de alambre de púas.

Los tres representan el 60 por ciento del departamento de bomberos voluntarios de Rachel.

“Di alguna actividad que se te venga a la mente y yo he tenido qué aprender cómo hacerla”, afirma West.

En los caminos

La estación de servicio de Rachel cerró en 2006, y la más cercana que queda está a 45 millas de distancia en Ash Springs.

Pahranagat Valley, el sistema escolar más cercano, está a 50 millas de distancia en autobús a Álamo.

Para acudir a una sala de emergencias, la distancia es de 80 millas hacia Caliente.

“No estamos en el medio de la nada”, dice West de 51 años. “Estamos en medio de tu camino hacia y desde algún lugar”.

Por lo general, conducen su camioneta con el logotipo de Little A’Le’Inn al costado hacia Las Vegas una vez por semana para comprar alimentos, pero dado que los negocios obtuvieron un repunte a raíz de la broma de Facebook instando a las personas a “conocer algunos extraterrestres”, eso se ha convertido en una tarea de dos veces por semana.

El día anterior, al restaurante le quedaban solo 12 panes de hamburguesas (la hamburguesa alienígena era el plato principal en el menú limitado), por lo que la madre de West, de 76 años, la copropietaria de Little A’Le’Inn, Pat Travis, abandonó lo que estaba haciendo y realizó el viaje de ida y vuelta de 300 millas a Las Vegas por más.

Ciudad unida

“Siempre hemos sido una comunidad pequeña que se cuidan unos a otros”, detalla Theising, de 30 años.

Tiene razón en ambos aspectos.

West calcula que la población de Rachel actualmente es de 56, aproximadamente del tamaño de una lista de equipo de la NFL. Contando a los trabajadores temporales que ayudan con los campos de alfalfa, ese número ocasionalmente llega a 70. Puedes encontrar más personas en el escenario durante un concierto de Polyphonic Spree.

Cada una de las casas, móviles y de otro tipo, tiene una dirección, pero no hay señales de tránsito por las cuales navegar. Los locales lo hacen a simple vista.

El área es tan remota que la electricidad no llegó hasta 1978 cuando el área, antes conocida como Tempiute Village y Sand Springs, fue rebautizada como Rachel.

Ese aislamiento puede generar disputas entre los residentes, pero también los une en momentos de necesidad.

“Tienes que volver a tus instintos tribales”, argumenta Samantha Travis, de 29 años. “Sabes que debes ayudar a la gente”.

Hazlo tu mismo

Recomiendan que le den servicio a sus automóviles antes del viajar a Rachel, casi todo el tramo es solo una carretera de dos carriles con solo un puñado de servicios en el camino, Theising se ríe.

“Mira, eso no es un lujo que tenemos aquí. Aprendes cómo hacerlo tú mismo”.

Y si te quedas sin las partes necesarias, la creatividad toma el volante.

“Tienes un par de cinturones disponibles cuando los necesitas”, menciona West como un truco de reparación automotriz.

¿Otro consejo? Las toallas femeninas y los pañales para bebés funcionan bien como cobertura de emergencia para heridas y torniquetes.

Sin embargo, para afecciones médicas más graves, las cosas pueden ponerse peligrosas.

“Puedes atender una herida, puedes mantener a la gente tranquila, tratar de mantenerlos calientes”, dice West. “Pero si se trata de una situación en la que sabes que la ambulancia durará una hora, tu mejor opción es aventar a esa persona a un vehículo y (hacer que) otra lo sujete. Entonces vas en camino, y la ambulancia puede encontrarnos en la carretera, eso es todo lo que puedes hacer. No tenemos técnicos de emergencias, tenemos ‘primeros auxilios’ que es como nos gusta llamarnos”.

Es algo sorprendente que la familia no haya descubierto una forma de realizar cirugías menores también.

“No”, contesta Theising. “Pero puedo amputar algo si es necesario”.

Lealtad militar

Rachel es lo más parecido a una ciudad cerca del Área 51 (la instalación secreta de la Fuerza Aérea), parte de la gama más grande de Pruebas y Entrenamiento de Nevada, que ha sido una fascinación particular entre los entusiastas de los ovnis durante décadas.

Lo que sea que esté sucediendo allí, está a cargo de miembros del ejército de nuestra nación, a quienes West y su familia son ferozmente leales.

“Ese es el sonido de nuestra libertad, nos encanta eso”, dice ella, sentada en una mesa de picnic frente al Little A’Le’Inn mientras un avión pasa por encima. “No les faltamos al respeto, ni mi madre ni yo permitimos que nadie trabaje para nosotros si le faltan al respeto a nuestro ejército. Se pueden ir por donde vinieron”.

West ama a sus vecinos de la Fuerza Aérea, a veces demasiado.

Tenía la tradición de preparar cenas de Acción de Gracias, adjuntando una nota de agradecimiento y llevándolos a la puerta trasera del Área 51 a un poco más de 10 millas de distancia.

En 2016, hubo un cambio de mando en la base, informó West. Alrededor de la 1:45 de la mañana después de las vacaciones, el alguacil del Condado de Lincoln llamó a su puerta preguntando por un paquete dejado en la puerta y exigiendo que lo retirara de inmediato.

“Lo que no entiendes”, comenta que le dijeron, “es que querían que enviáramos a nuestro escuadrón de bombas el cual no tenemos, y si no eliminas el paquete te demandarán porque lo enviarán fuera de Nellis”.

Jamás repitió su tradición.

Más loco que nunca

Es la fascinación con ese tipo de secreto y reacción exagerada lo que ayudó a convertir a Little A’Le’Inn en una atracción turística internacional mucho antes del sinsentido “Invasión a Área 51”.

“Ha sido exponencialmente más loco que nunca, y tengo una vida loca”, comenta sobre el aumento de las llamadas telefónicas y visitantes de este verano. “Recibo a todo tipo de gente de todos los caminos de la vida a diario en este lugar”.

Un equipo de televisión brasileño apareció a principios de este día, sin previo aviso, esperando realizar un reportaje. Después de haber sido despertado de una siesta, West aceptó a regañadientes una entrevista.

No solo los miembros de los medios tienen preguntas, los visitantes que se sienten atraídos por esta pequeña curiosidad a 40 millas de cualquier cosa tienden a ser curiosos por naturaleza. Con tan pocas distracciones en Rachel, las conversaciones son como la moneda.

“La gente que he conocido aquí y las conexiones que he hecho con personas de todo el mundo, es increíble”, concluye Travis. “Me gusta, me da vida, me da un propósito y me encanta.

“La gente pregunta por qué o cómo puedes vivir en un lugar como este, es por esa razón”.

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