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Las pandillas; un problema social (Parte I)

Las pandillas están relacionadas con asesinatos, tráfico de drogas, robos y todo tipo de violencia que afecta a la sociedad de manera negativa. Este tipo de problemática la vive de cerca la ciudad de Las Vegas, pese a que es considerada una ciudad relativamente joven.

Llegan personas de todo Estados Unidos en busca de una segunda o tercera oportunidad para vivir, pero entre ellos también pandilleros en su mayoría provenientes de Los Ángeles, California. Mismos, que llegan con la mentalidad de apoderarse de nuevos “barrios” para continuar delinquiendo con nuevos integrantes en su nueva casa.

En 2011, el FBI publicó en el documento titulado Nacional Gang Theat Assessment que en Nevada existían 20 mil pandilleros, 6 personas de cada mil en proporción a la población de ese año. Los estados de California, Idaho, New Mexico e Illinois ocuparon los primeros lugares.

Un ex miembro de una pandilla, “José” (cómo se nombrará al entrevistado), narró a El Tiempo su experiencia al pertenecer a este grupo delictivo y como su vida tomó otro camino hacía el bien.

José dejó la escuela a los 15 años, cuando sus propios amigos lo invitaban a faltar a clases.

“Me gustó el idioma de la calle y por ahí empecé. Lo que más me gustaba era que llevaban muchachas bonitas y atrevidas. Fumábamos cigarros (tabaco) y marihuana. Me empezó a gustar ese ambiente”, confesó el ex pandillero.

El grupo de pandilleros era dirigido por los “batos ya adultos”, eran los que ponían orden y les “ponían la placa” (apodo con el que firman el grafiti que realizaban).

“Me preguntaron si le quería entrar de lleno a la pandilla y les dije; simón”.

Para ganarse el pase para formar parte de la pandilla, José fue golpeado por tres hombres al mismo tiempo.

Una de las amigas de la banda de José, comenzó a llorar al ver la golpiza que le propinaron, eso inspiró aún más al ahora ex pandillero a quedarse en el grupo.

“Nunca había visto que alguien llorará por mí, alguien sentía algo por mí, que me quería, eso nunca lo experimente en mi casa, mi madre y padre nunca habían llorado por mí”, relató José.

Una rutina dentro de una pandilla, acorde a José, consiste en ir todo el tiempo armado en busca de que alguien te moleste o diga algo y poder pelear, robar autopartes y después incendiar el carro.

“Todo el tiempo era simplemente pelearnos contra los rivales”.

En la pandilla José tenía su propia placa (apodo), el hacía grafitis con ese nombre y fue así como lo localizó la policía.

“La policía llegó a mi casa, me ubicaron por mi firma, tenían inclusive mi fotografía, me sentí “c****n”. Uno en el barrio gana respeto si la gente se da cuenta que estas en la pandilla, no importa que pase si tu estas “down for the barrio”.

En la cárcel, hay un código entre pandilleros, según José.

“Lo que pasa en la calle se queda en la calle, y lo de la cárcel en la cárcel. Si la pandilla se dedica a la distribución de droga, es cuando los que aún siguen libres temen ser delatados por el capturado”, explicó. “Si hablas te va mal”.

José fue defendido por el abogado que presta la ciudad por derecho.

El abogado que concede la ciudad, según José, le hacía ver al juez que eran “cosas de la edad”, que después de lo que sea que hicieran, “limpiábamos el relajo y no era tan malo como parecía, decía que la policía siempre llegaba tarde y solo lo llevaban preso sin motivo”. De esa manera, consiguieron disminuir su sentencia.

José tiene una fotografía con todos sus “homies” (miembros de la pandilla), y poco a poco fue tachando a los que ya habían muerto.

“Eso me comenzó a dar miedo, yo no quería terminar con la cabeza tachada en una foto, la violencia ya era mucha, ya no era divertido como antes que solo eran golpes, amigos en la cárcel de por vida era el otro final”.

Para sobrevivir José en conjunto con su pandilla, robaban estéreos y rines de autos, en los domicilios que asaltaban se llevaban la ropa y joyería que pudieran conseguir. En una época también vendió droga, el dinero conseguido de estas actividades, se destinaba para mantener el vicio de la drogadicción exclusivamente.

El amor que sintió al introducirse en la pandilla, fue el mismo motivo que lo animó definitivamente a dejar esa vida, ya que se enamoró de una mujer que tenía una vida “normal”, ella lo mantuvo alejado de las calles.

“Después me encontré a otro miembro de los que me dio la bienvenida a la pandilla y lo vi con un trabajo normal ganándose la vida”, esto fue otra esperanza para José de salir de la banda.

“Como miembro de la pandilla me sentía grande, nadie me podía decir nada ni siquiera tocarme, pero en una pelea mi rival se abalanzó sobre de mí en el suelo y al no poder quitármelo intente sacar mi pistola, los demás al notar eso corrieron, fue la única ocasión que sentí miedo porque pude haber matado a alguien”, afirmó el ex pandillero.

José logró reformar su vida a los 21 años de edad. Actualmente, tiene 32 años de edad, está casado y con hijos. Además, es dueño de su propio negocio en el que dedica a pintar casas.

Las consecuencias del estilo de vida que llevó, ha tenido ciertos incidentes en su actual ocupación.

Si un policía lo detenía por cualquier infracción menor, su nombre salía en la lista de pandilleros y reconocían sus tatuajes.

“Me tenían prohibido traer pintura, porque pensaban que seguía haciendo grafitis”, explicó el entrevistado.

El tatuaje que lo identificaba como miembro de la pandilla, lo tuvo que modificar. Como contratista tiene todo en orden en cuanto a su negocio y la segunda oportunidad que le ha brindado la vida; la aprovecha por su familia.

Aunque José lleva una mejor vida, sigue en un proceso de rehabilitación con varios amigos, que como él han pasado por la misma situación. Se mantiene alejado de las drogas, alcohol y el barrio donde creció.

En la segunda parte hablaremos sobre los índices de pandillas en el valle de Las Vegas, las consecuencias de pertenecer a una, los delitos más graves que cometen y que están haciendo las autoridades para combatir este problema social.

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