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El hombre detrás de importantes convenios inmobiliarios en la Strip de Las Vegas Strip tiene cáncer terminal

Al conducir a lo largo o cerca de la Strip, es fácil encontrar propiedades que John Knott fue contratado para vender.

En los últimos años, negoció las ventas del sitio del estadio de los Raiders, el Hard Rock Hotel, el cerrado Lucky Dragon y el antiguo casino Alon al lado del centro comercial Fashion Show. Compró el antiguo Fontainebleau y, antes de que la economía se desplomara en la última década, vendió el Sahara y un terreno al otro lado de la calle por cientos de millones de dólares cada uno.

El 7 de junio, envió un correo electrónico con el asunto “¡Fiesta de jubilación!” Invitaba a la gente a tomar una copa, pero realmente estaba anunciando algo más: Knott se está muriendo.

Knott, director del grupo de juegos de azar global de CBRE Group, espera morir este mes o el próximo a causa de un cáncer de páncreas metastásico. Decidió renunciar al tratamiento de quimioterapia.

“Con suerte, cuando las cosas se pongan difíciles, el final llegará rápidamente”, señaló en el correo electrónico.

El corredor de 62 años de edad dejará un legado de convenios inmobiliarios de alto perfil. La economía de Las Vegas está dominada por los enormes hoteles-casinos, pero solo un puñado de corredores en la ciudad son contratados para vender complejos turísticos o terrenos baldíos en o cerca de Las Vegas Boulevard. Knott y su socio Michael Parks parecen ser los más prolíficos del grupo, ya que habitualmente son contactados para comprar estas y otras propiedades de alto precio.

Knott, padre de tres jóvenes veinteañeras, se sentó con Las Vegas Review-Journal/El Tiempo el mes pasado, después de que anunció su diagnóstico y habló sobre su vida, su carrera y su cáncer.

A lo largo de los años, trató con personas como el multimillonario Carl Icahn y Donald Trump y acumuló una larga lista de transacciones inmobiliarias que no podría haber imaginado cuando tenía 20 años.

“Ha sido fabuloso, así que, no hay nada que lamentar”, dijo.

Centro de telemarketing

Knott nació en Nueva Jersey y se mudó a Las Vegas en 1964 a la edad de siete años. Asistió a Western High School, trabajó en la imprenta de su padre y, a los 21 años, consiguió un empleo de verano contando efectivo de los juegos de mesa en el Sands.

Después de la universidad, seguía trabajando para el negocio de su padre. Era como la Oficina de FedEx, dijo Knott, pero las órdenes de trabajo se ejecutaban en una imprenta.

No le gustaba cotejar y engrapar, y después de que un cliente llegó a las 5 p.m. un viernes, y su padre le dijo que pusiera en marcha la prensa y cumplimentara el pedido, Knott decidió mudarse a Los Ángeles. Cargó todas sus pertenencias en su Corvette de 1978, se quedó en el sofá de un amigo en California y se fue a trabajar a un “centro de telemarketing”, invitando a las personas a comprar oro, plata y platino.

Era un chico en una sala de teléfonos que hacía al menos 100 llamadas por día. La buena noticia, dijo Knott, fue que aprendió a vender.

Auge y quiebra

Pasó unos nueve meses en el centro de telemarketing. Finalmente, con algunos amigos cercanos que trabajaban en bienes raíces, Knott decidió darle una oportunidad a ese campo. Todavía tenía 20 años y quería un horario flexible que le permitiera jugar al golf. También pensó que podía ganar mucho dinero y no quería que nadie le dijera qué hacer.

Después de 10 años con Cushman & Wakefield en Los Ángeles, regresó a Las Vegas en 1994, meses después de que el terremoto de Northridge causara 100 mil dólares en daños a su casa. Dirigió su propia firma, Sullivan & Knott, antes de unirse a la compañía ahora conocida como CBRE en 1999.

Dirigía su oficina en Las Vegas, pero no le gustaba supervisar a los corredores y no estaba haciendo ningún gran reclutamiento. En 2003, se hizo cargo del grupo global de juegos de azar de la firma. El equipo era operativo, dijo, pero no había tenido mucho éxito.

La salvaje burbuja de bienes raíces de Las Vegas estaba empezando a inflarse y, como muchos otros en la ciudad, Knott aprovechó el frenesí. En 2007, vendió el Sahara por 345 millones de dólares al operador de hoteles y clubes nocturnos Sam Nazarian y a la firma de inversiones Stockbridge. El mismo año, vendió una parcela de 26 acres al otro lado de la calle por 444 millones de dólares al gigante del casino ahora conocido como MGM Resorts International.

A mediados de la década de 2000, los operadores de casinos compraron rivales por miles de millones de dólares, se propuso una serie de megaresorts para la Strip, los valores de los terrenos se dispararon, la construcción de viviendas se disparó, y parecía que todos querían construir torres de condominios.

También había personas que “no tenían dinero” y estaban tratando de adquirir propiedades para obtener ganancias, dijo Knott.

“Ese no es un mercado que yo haya visto jamás”, dijo.

El sur de Nevada fue posiblemente el área más golpeada del país cuando la economía se desplomó, y Knott no se salvó de la carnicería.

Se había unido a un grupo para adquirir Las Vegas National Golf Course en 2007 y vio su valor caer en picada. Las inversiones en bienes raíces en California y Arizona desaparecieron, y su negocio de corretaje se secó. Todavía tenía que ganarse la vida, por lo que comenzó a apelar en casos de impuestos sobre propiedades para los operadores de casinos.

La economía se recuperó lentamente y el equipo de Knott realizó varios acuerdos importantes en los últimos años.

Vendió el antiguo sitio vacío del Alon por 300 millones de dólares a Wynn Resorts; 62.5 acres de tierra para los Raiders de Oakland por 77.5 millones de dólares; el Hard Rock Hotel al extravagante multimillonario británico Richard Branson y sus socios por un monto reportado de 500 millones de dólares; y el Lucky Dragon cerrado por 36 millones de dólares a Don Ahern, presidente y director ejecutivo de la firma de equipos de construcción de Las Vegas Ahern Rentals.

“Estoy listo para irme”

En octubre pasado, se suponía que Knott recorrería el Lucky Dragon, pero no se sentía bien y llamó a su cardiólogo. Terminó recibiendo dos stents en su corazón.

Los médicos también encontraron una anomalía en el área de su abdomen. En abril, supo que tenía cáncer de páncreas.

Knott dijo el mes pasado que podría vivir de tres a seis meses si se sometiera a quimioterapia, o tal vez de dos a cuatro. Su médico podría tratar las náuseas de la quimioterapia pero no la fatiga; Knott no quiso vivir unos meses más estando cansado los últimos meses de su vida, y dijo que prefería “socializar con mis amigos y familiares antes de irme”.

Knott tenía un amigo que se estaba muriendo y decidió no tomar medicamentos para el dolor. “Estoy listo para irme”, dijo el amigo. “Estoy feliz con mi vida”.

El mes pasado, cuando se le preguntó si se siente de la misma manera, Knott dijo: “Absolutamente”.

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