Los dardos contra Trump y Cruz del último Estado de la Unión de Obama

“Creo en ustedes. Por eso me presento aquí confiado en que el Estado de la Unión es fuerte”, cerró el presidente Barack Obama su último mensaje anual al Congreso de Estados Unidos.

Lo hizo en medio de una ovación y con ese cierto tono de predicador que parece adoptar Obama en sus momentos de mayor entusiasmo retórico.

La presentación cumplió con el ritual de esa afirmación final -cierta o no- con la que casi todo presidente ha terminado su mensaje anual.

Sin embargo, este fue un discurso diferente en estilo y en intencionalidad, porque no hubo el acostumbrado balance de logros de la gestión y en cambio fue presentado en clave electoral.

Lo que no es costumbre que el primer mandatario de EE.UU. se meta tan expresamente en el debate de campaña, por mucho que este sea un año electoral.

Dardos electorales

A lo largo de todo su mensaje el presidente Obama entretejió referencias a puntos polémicos propuestos por algunos importantes precandidatos republicanos.

A ninguno nombró, claro. Ese tipo de cosas no suele hacerse en este evento.

Pero cuando Obama acusó de azuzar el miedo o el resentimiento, o cuando advirtió de los peligros de temer a la diversidad que viene con la inmigración, fue fácil reconocer las ideas de Donald Trump o Ted Cruz, los punteros en la carrera por la nominación republicana.

Pese a la etiqueta de “optimista” con que la Casa Blanca quiso promocionar el mensaje, hubo un tono de advertencia sobre la manera cómo marchan las cosas en el debate político en Estados Unidos.

“¿Cómo hacemos para que nuestra política refleje lo mejor de nosotros y no lo peor?”, se preguntó a mitad del discurso el presidente, sintetizando lo que parece ser una angustia ciudadana.

Obama no quiere ser un “pato herido”

En general, el último mensaje del Estado de la Unión de Obama fue la presentación de un presidente confiado en que durante los siete años de su mandato los principales problemas que encontró al llegar al poder han sido superados, o en todo caso, sustituidos por otros.

Lo que Obama ha dejado claro es que no está dispuesto a cumplir con el fatal papel de “lame duck” o “pato herido” que espera a todo presidente en el último año de su mandato, cuando su poder para imponer sus iniciativas disminuye.

Apenas la semana pasada, presentó un decreto para establecer los controles a la compra de armas que el Congreso no ha podido ,o no ha querido, plasmar en una ley, pese la tragedia recurrente de las masacres.

El presidente tiene abiertos varios frentes con la oposición republicana: desde otra acción ejecutiva, esta sobre inmigración que espera por una definición legal, hasta la manera cómo enfrentar el peligro que representa el autodenominado Estado Islámico (EI, o ISIS como también se le conoce).

Un temario combativo que quedó ratificado en su último mensaje anual y que con seguridad exacerbará los roces con el llamado Gran Viejo Partido.

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