Residentes de Tijuana lidian con la crisis migratoria

TIJUANA, México — La caravana de migrantes que provocó una escaramuza a lo largo de la frontera de los Estados Unidos ha encendido el debate entre los residentes de Tijuana.

“Los mexicanos no los quieren aquí”, dijo César Mendoza, de 38 años, al Las Vegas Review-Journal. “Hablan mal de nosotros, no les gusta nuestra comida, y algunos de ellos son violentos”.

Sin embargo, muchos residentes de Tijuana simpatizan con los migrantes, que han sufrido condiciones de vida infernales y problemas de salud rampantes.

“Me gustaría ver que reciban ayuda”, comentó Elizabeth Arreola, de 47 años, quien vive cerca de un campamento enlodado que el gobierno evacuó. “No tengo nada contra ellos”.

El mes pasado, 6 mil 800 migrantes llegaron a Tijuana después de viajar desde el norte de Honduras, Guatemala y El Salvador.

Mientras esperaban para solicitar asilo en los Estados Unidos, más de 5 mil personas acamparon en el complejo deportivo Benito Juárez, una instalación recreativa cerca de la frontera internacional.

Pero el 25 de noviembre, una protesta contra la política de inmigración de Estados Unidos estalló en un tumulto cuando cientos de migrantes intentaron irrumpir en la frontera, y los oficiales de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos dispararon botes de gas lacrimógeno.

“Trataron de cruzar por la fuerza”, afirmó Mendoza, un representante de ventas de una empresa turística cercana. “Nadie quiere eso en su país, y tampoco lo queremos en el nuestro”.

Luego llegaron las lluvias, convirtiendo el complejo deportivo de Tijuana abarrotado en una escena de miseria y enfermedad.

Las aguas pluviales inundaron el campamento, las aguas residuales de los baños portátiles salieron, el campo de béisbol, donde las familias se amontonaban en tiendas de campaña y bajo lonas, se inundó de lodo y suciedad.

Ahora, muchos de los migrantes padecen enfermedades respiratorias, síntomas parecidos a la gripe e infestaciones de piojos.

“Es difícil para los niños”, comentó Eduardo Burgos, de 56 años, que vive cerca. “Ningún gobierno los quiere…solo Dios sabe lo que pasará”.

Pero en las redes sociales, los migrantes han sido objeto de desprecio, especialmente después de que un video se volvió viral de una mujer hondureña, identificada por la BBC como Miriam Celaya, que criticaba la comida mexicana gratis.

“Miren lo que están dando”, dijo, mostrando un plato de tortillas y frijoles. “¡Como si fuera comida para los chanchos!”

Esto no funcionó bien en una cultura donde los frijoles y las tortillas son alimentos básicos. Aunque la mujer se disculpó más tarde, el daño ya estaba hecho.

“No tienen respeto”, comentó la dueña del mercado, Vanessa Martínez, al Review-Journal. “Cuando llegaron, nos atacaron”.

Martínez, de 40 años, vive en la calle de El Barretal, una sala de conciertos que el gobierno convirtió en un refugio después de que las condiciones en el complejo deportivo se volvieran insoportables.

El debate sobre la inmigración en Tijuana se hace eco de lo que se está discutiendo en los Estados Unidos.

“No quieren hacer nada, en lugar de eso, solo demandan”, informó David Méndez, de 20 años, quien vive cerca de El Barretal. “Necesitan regresar a sus propias ciudades”.

Su vecina Irma García, de 54 años, agregó que está preocupada por el crimen. “Necesitan respetar la ley de los países a donde van”.

Martínez fue más contundente: “Algunos de ellos vinieron a trabajar, otros vinieron a robar”.

Una encuesta realizada la semana pasada por el periódico El Universal encontró que siete de cada 10 mexicanos tienen una visión negativa de la afluencia de migrantes, y el 52 por ciento está a favor de bloquear la entrada a los indocumentados que ingresen al país.

El alcalde de Tijuana, Juan Manuel Gastelum, llevó todo mucho más lejos el viernes, sugiriendo en una entrevista de Fox News que los organizadores de caravanas deberían ser encarcelados “por poner a las personas en riesgo”.

Pero María de Jesús Gómez, de 75 años, aboga por un enfoque más suave.

“No tengo miedo”, aseguró mientras los peatones de El Barretal pasaban por su casa. “Los hondureños son gente pacífica, yo he conversado con ellos”.

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