San Francisco votará sobre aumento de impuestos a empresas ricas para las personas sin hogar

SAN FRANCISCO – San Francisco ha llegado a ser conocido en todo el mundo como un lugar para el maltrato agresivo, el uso de drogas al aire libre y los campamentos de tiendas de campaña, la suciedad y la desesperación son aún más notables por la inmensa riqueza de la ciudad.

Algunas calles están tan sucias que los funcionarios lanzaron una “patrulla de caca” especial, y un joven trabajador de tecnología creó “Snapcrap”, una aplicación para reportar la suciedad. Los transeúntes de la mañana caminan enérgicamente por delante de personas sin hogar acurrucadas contra las paredes del metro. En el escuálido sector del centro de la ciudad, los frágiles y enfermos se arrastran en sillas de ruedas o tropiezan, a veces medio vestidos.

La situación se ha vuelto tan grave que una coalición de activistas recolectó suficientes firmas para poner una medida en la boleta electoral de la ciudad el 6 de noviembre. La Proposición C cobraría impuestos a cientas de las empresas más ricas de San Francisco para ayudar a miles de residentes sin hogar y enfermos mentales, un esfuerzo que fracasó a principios de este año en Seattle. Se espera que la medida de San Francisco aumente $300 millones al año, casi duplicando lo que la ciudad ya gasta.

“Esto es lo peor que ha ocurrido”, dice Marc Benioff, fundador del gigante de computación en la nube Salesforce y un San Franciscano de cuarta generación, que apoya la medida a pesar de que su compañía pagaría $10 millones adicionales al año si se aprueba. “Nadie debería tener que vivir así, no necesitan vivir así, podemos tener esto bajo control”.

“Tenemos que hacerlo. Tenemos que probar algo”, afirmó Sunshine Powers, dueño de una boutique de tie-dye, Love on Haight, en el histórico barrio de la ciudad de Haight-Ashbury. “Si mi comunidad es mala, nadie querrá venir aquí”.

La propuesta es la última batalla entre los defensores de las grandes empresas y los servicios sociales que exigen que las empresas estadounidenses paguen para resolver las desigualdades exacerbadas por su éxito. En San Francisco, también se ha convertido en una lucha intrigante entre el recientemente elegido alcalde London Breed, quien está del lado de la Cámara de Comercio de la ciudad para pedir un voto negativo, y el filántropo Benioff, cuya compañía es el mayor empleador privado de San Francisco con 8 mil 400 trabajadores.

Breed se mostró duro en contra de la medida, protestando que carecía de colaboración, podría atraer a personas sin hogar de los condados vecinos y costaría empleos de clase media en ventas minoristas y servicios. La ciudad ya ha aumentado dramáticamente el gasto en la falta de vivienda, dijo, sin ninguna mejora notable.

San Francisco gastó $380 millones de su presupuesto de $10 bdd el año pasado en servicios relacionados con personas sin hogar.

“Tengo que tomar decisiones con la cabeza, no solo con el corazón”, destacó Breed. “No creo que duplicar lo que gastamos en personas sin hogar sin una nueva responsabilidad, cuando ni siquiera gastamos lo que tenemos ahora de manera eficiente, es un buen gobierno”.

Las ciudades a lo largo de la costa oeste están lidiando con la creciente falta de vivienda, impulsada en parte por el creciente número de empleos tecnológicos bien pagados que hacen que los residentes de bajos ingresos no tengan acceso a los mercados residenciales apretados. Una familia de cuatro en San Francisco que gana $117 mil se considera de bajos ingresos.

Los negocios prevalecieron en Seattle, cuando los líderes en junio derogaron un impuesto por empleado que habría recaudado $50 millones al año, luego de que Amazon y Starbucks lo rechazaran. En julio, el ayuntamiento de Cupertino en Silicon Valley consiguió un impuesto similar después de la oposición de su empleador más grande, Apple Inc.

Los residentes de Mountain View, sin embargo, votarán este otoño un impuesto por empleado que se espera recaudar $6 millones al año, en gran parte de Google, para proyectos de tránsito.

La medida de San Francisco es diferente en el sentido de que impondría el impuesto principalmente por los ingresos en lugar de por el número de empleados, un aumento medio de los impuestos del medio por ciento sobre los ingresos de las empresas de más de $50 millones cada año. También fue puesta en la boleta electoral por ciudadanos, no por funcionarios electos.

La compañía de procesamiento de pagos en línea Stripe ha expresado su oposición y ha contribuido $120 mil a la campaña contra la Proposición C, pero otras compañías se han mantenido en silencio. La Cámara de Comercio de San Francisco, cuyo directorio incluye representantes de Microsoft, LinkedIn y Oracle, está liderando la lucha.

Se verían afectadas hasta 400 empresas, y los sectores de internet y servicios financieros sufragaban casi la mitad del costo.

La ciudad asegura que la confidencialidad impide revelar información fiscal, pero algunas de las compañías que se espera que paguen más son grandes nombres en las principales industrias. Wells Fargo & Co., el minorista Gap Inc. y la plataforma Uber se negaron a comentar.

La distribuidora farmacéutica McKesson Corp., remitió las preguntas a una asociación comercial del sector privado, el Comité de Empleos, que calificó la medida como defectuosa. La empresa de servicios públicos Pacific Gas & Electric Corp., señaló que no ha tomado una posición. Twitter declinó hacer comentarios, pero el jefe ejecutivo Jack Dorsey afirmó a través de un tweet la semana pasada que confía en Breed para solucionar el problema.

“Cualquiera puede ver el status quo y entender que no funciona, pero solo con más dinero no es la única respuesta”, recalca Jess Montejano, portavoz de la campaña “No a la C”.

Benioff no está de acuerdo. Una iniciativa de $37 millones de dos años que ayudó a comenzar con la ciudad y a la que aportó más de $11 millones ha alojado a casi 400 familias a través de subsidios de alquiler, comentó.

Benioff ha prometido al menos 2 mdd de la compañía y recursos personales para la campaña de impuestos de noviembre. Añadió que en última instancia, fue influenciado por un informe del economista jefe de la ciudad, que determinó que la medida probablemente reduciría la falta de vivienda y que resultaría en una pérdida neta de 900 empleos como máximo, o el 0.1 por ciento de todos los empleos.

“Dije: ‘Bueno, soy el empleador más grande de la ciudad, y la ciudad está en decadencia debido a la falta de vivienda y la limpieza. Tenemos que tomar medidas ahora”, relató.

Al menos la mitad de los nuevos ingresos se destinaría a viviendas permanentes y al menos una cuarta parte a servicios para personas con problemas graves de conducta. Un conteo de una noche de 2017 encontró un estimado de 7 mil 500 personas sin refugio permanente en San Francisco. Más de la mitad había vivido en la ciudad durante al menos una década.

Tracey Mixon y su hija, Maliya, de 8 años, se encuentran entre las personas sin hogar ocultas.

Mixon, de 47 años y nativa de San Francisco, vive y trabaja en el vecindario de Tenderloin, notoriamente peligroso e infestado de drogas. Fueron obligadas a abandonar su alquiler este verano, en parte porque la compañía que administraba su propiedad perdió su acreditación federal, expresó en una tarde reciente mientras trabajaba en un turno de guardia de cruce.

Una de las partes más difíciles fue encontrar un lugar a dónde ir en el día en que la madre y la hija fueron expulsadas de un refugio de emergencia de la noche a la mañana.

“Tengo que protegerla de las personas que usan drogas”, admitió.

Al pasar el rato en Haight, la calle que jugó un papel central en el “Verano del amor”, Stormy Nichole Day, de 22 años, dice que le encantaría un lugar donde vivir. Actualmente, Day está durmiendo en una entrada. Ella podría prosperar si sus necesidades básicas fueran satisfechas, aseguró.

“Y eso incluye una casa, un lugar para cocinar y para ducharse”.

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