Socialismo millennial ¿conciencia de clase o moda?

Un fantasma recorre Occidente. Es el socialismo millennial que pregonan los jóvenes sobre todo de Estados Unidos y algunos países europeos, quienes esgrimen sus ideas vistiendo playeras con la imagen del “Che”, Marx o el héroe mexicano Emiliano Zapata, mientras beben café de una trasnacional bien conocida.

Karl Marx había predicho que el cambio del régimen capitalista se daría por la lucha de clases, obreros contra burgueses. Para los millennials y seguidores del socialismo democrático, como también se le conoce, la transformación llegará mediante una convocatoria vía redes sociales y acciones como Occupy Wall Street (2011).

En Europa, es representado por la izquierda laborista cuya cara más visible es Jeremy Corbyn y en Alemania se le encuentra en Die Linke, el partido que ha recibido la mayoría de los votos en el este del territorio alemán. En Estados Unidos su más visible representante es Alexandria Ocasio-Cortez.

El periodista argentino Diego Sierra (Infobae) explica que los millennials “no están contaminados por la retórica anticomunista que creció tras la Segunda Guerra Mundial. No ven televisión abierta”.

Además, su información la obtienen “de las redes sociales y los podcast. Jamás compraron un diario de papel. Se alimentan sólo de productos orgánicos. Pueden fumar marihuana, pero muy poco tabaco. Toman cerveza artesanal y vino del Tercer Mundo”.

Les caracteriza además que “viajan sólo en las Low Cost y paran en casas de amigos de amigos. Hablan todo el tiempo por celular de manos libres”, escuchan su música en Spotify, no les importan los lujos, viajan en bicicleta, respetan el ambiente y “son discutidores públicos”.

De acuerdo con el profesor universitario y politólogo español Fernando Vallespín (El País), el nuevo socialismo de Estados Unidos tiene como su principal posición una crítica sin cortapisas a la desigualdad social generada por el sistema neoliberal y las reformas legislativas a favor de la clase privilegiada.

Al respecto, cabe mencionar que esta toma de conciencia surgió luego de que David Graeber, profesor universitario, activista social y uno de los líderes de Occupy Wall Street, revelara que 1.0 por ciento de la población mundial posee más riqueza que el resto de los seres humanos.

Un segundo punto defendido por el también llamado “socialismo light” es el señalamiento que se hace a los más ricos y a las grandes empresas, de desatender sus obligaciones comunitarias y aprovechar su poder económico en privilegios políticos sin fin. Es decir, legislaciones siempre a su favor.

La tercera demanda central del nuevo socialismo, como también le llaman, es revertir el estado de las cosas a través de programas sociales que alcancen a todos, pero que sean mucho más que el derecho universal a la salud (lo que en la unión americana llaman Obamacare).

Sin embargo, para Vallespín y Diego Sierra en el nuevo socialismo caben muchas cosas, como el feminismo, la defensa de los derechos de la comunidad LGBTTTI, la lucha contra el cambio climático, el antirracismo y hasta la liberación total de internet.

Esta forma de pensamiento ha mantenido un crecimiento sostenido en los últimos años, de tal manera que si bien en 2016 el 43 por ciento de los menores de 30 años tenían una calificación positiva para el socialismo, ese porcentaje creció a 51 apenas dos años después.

Para el también periodista argentino Alejandro Galiano, los nuevo socialistas pertenecen a una generación que no quieren perder los beneficios del capitalismo, si bien son más escépticos del mismo, pues han recibido la influencia del economista francés Thomas Picketty.

En su libro “El capital en el siglo XXI”, Picketty lanzó la advertencia de que desde la imposición del neoliberalismo la riqueza de las familias más ricas del planeta creció más rápido que el Producto Interno Bruto (PIB), concentrando poder económico y político.

Para resolver esta situación, el nuevo socialismo se enfoca en el cobro de impuestos.

Por ejemplo, la diputada Alexandria Ocasio-Cortez, quien se presenta como demócrata socialista, han propuesto un impuesto de 70 por ciento a quienes posean una fortuna superior a 10 millones de dólares, capital con el que se tomarían medidas para revertir la brecha económica y contra el cambio climático.

Una propuesta más es, contrario al pensamiento neoliberal, la emisión de moneda para responder a las necesidades de un Estado nación, lo que significaría generar empleos, fijar un salario mínimo -con lo que crecería el consumo en beneficio de la propia economía- y bajar los impuestos en general.

La tercera propuesta del socialismo millennial, anota Galiano, autor del sitio ponele.info, es repartir la plusvalía, lo cual significaría por un lado la ampliación de la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas.

Para otros la medida adecuada es crear “fondos soberanos de inversión sociales: el Estado así podría acumular patrimonio, bonos y propiedades y luego distribuir esa renta financiera en forma de un ingreso básico universal”, describe.

Por supuesto que estas medidas han recibido cuestionamientos por parte de especialistas, que se centran sobre todo en la forma tan superficial que los neo socialistas entienden la política financiera de cualquier país.

Vallespín ve que este ideal, que puede encontrar sus primeras expresiones en Occupy Wall Street y que se aglutinó en torno a Bernie Sanders, ya motivó la reacción contraria, plasmada en el triunfo de Donald Trump en 2016, pues la otra identidad se sintió interpelada “y, al final, pasó lo que pasó”.

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