Aquí entre nos

La profesión de educador carece del respeto y de la reputación que solía tener en la sociedad americana hasta hace apenas unas cuantas décadas. Debido a esta crisis de percepción, a nuestra juventud no le atrae esta carrera por considerarla un oficio menor. Cada día menos estudiantes se embarcan en el magisterio. Sin embrago, tanto a nivel estatal como a nivel nacional, el decifit de maestros va vertiginosamente en aumento. Por ejemplo, en el estado de Nevada graduamos alrededor de 1,300 egresados de los colegios de educación. No obstante, la demada – solo en el distrito escolar del condado de Clark (CCSD)- es cerca de 2,300. Es decir, que en nuestro distrito hay un deficit de casi 1,000 maestros cada año escolar. Casi la mitad de los candidatos que ayudan a suplir esta necesidad provienen de otros estados. La otra mitad no llega en lo absoluto a suplirse.

A fin de ponerle una curita (leáse band-aid) a esa herida, el CCSD reemplaza entre 500 a 600 educadores con sustitutos. Tal vez usted, al igual que yo hace unos meses, no entienda el impacto negativo que tiene para un estudiante empezar su formación académica con un inexperto haciendo el papel de maestro.

Así que para ayudarle a entender la envergadura de este problema le voy a dar una imagen que vale cien mil palabras: yo he visto a un director de escuela ahogarse en lágrimas de impotencia y de frustación al pensar en la posibilidad de tener que abrir su plantel con seis o siete maestros sustitutos. ¿Por qué? Porque un sustituto generalmente carece del aval, la experiencia y el entrenamineto para darles a sus hijos, señores lectores, la clase de educación de calidad que ellos se merecen.

Ahora bien, la falta de “sex appeal” que se le imputa al magisterio, no es del todo fundada ni del todo infundada, sino que va a depender de cómo veamos el vaso proverbial empelando por los norteamericanos para describir una actutid optimista o pesimista ante la vida: ¿Está el vaso medio lleno o medio vacio? En otras palabras, ¿es realmente una carrera pobremente recompensada y un verdadero martirio?, ¿o es una ocasión perfecta para tener vacaciones con frecuencia y, aun más importante, para redefinir la trayectoria de una vida, cambiar el curso de una historia, formar y reformar otro ser humano quien, de lo contrario, pasaría por su propio tiempo sin que nadie le haya visto en toda su potencialidad, sin una mano que le ayudara? …

De esta mano amiga nos habló Clint Holmes. Nuestro fabulosÍsimo cantante, galardonado por mi empleador como The Public Education Foundation’s ED HERO el pasado sábado 20 de septiembre, contó en su discurso de aceptación que le debía su exitosa carrera y ¡la vida! a una maestra de quinto grado quien fue la primera persona que plantó en su cerebro la idea de aprender a tocar un instrumento musical, el saxofón. “Y sin ese gesto hoy yo no estaría en el Cabaret del Smith Center,” dijo Clint.

¡Y es que de eso se trata! El magisterio, cuando está bien impartido, tiene la capacidad de desenterrar los talentos, de pulir las habilidades innatas, de ayudar a vencer los miedos, de creer en la habilidad natural y presente en cada niño, de vencer los obstáculos y derrotar cualquier adversidad.

Se podría decir que un adulto cuya responsabiliad es escribir sobre un lienzo en blanco, o sea nuestros niños, es alguien con el poder de convertir día a día el polvo en barro y el barro en una pieza magistralmente lograda.

Es un hombre o mujer que está actuando, jugando a ser dios. Un dios íntimo, humano e imperfecto, pero igual un dios-ito con la capacidad maravillosa de dar un giro al eje de una existencia.

Mi propia existencia, aquí entre nos, tuvo su redentora. Fue mi maestra de tercer grado: Doña Lucía de Jesus Alvárez, mi mentora y mi amiga hasta el día del 2012 cuando murió. Y es por personas como ella, que entienden el papel inconmensurable, vital e importante que juegan en nuestras vidas, que el magisterio es un vaso medio lleno, o como diría la Doctora Edith Fernández al referirse a esta bella vocación: “es sexy.”

 

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