Cuando el odio puede fabricar noticias

A Emiliano Salinas Occelli nunca le interesó la política tradicional como la practicaron su padre, expresidente de México, y su abuelo, secretario de Economía con Adolfo López Mateos, además de senador por Nuevo León durante el sexenio de Miguel de la Madrid.

Le interesa la política desde una plataforma diferente: servir a la sociedad desde la sociedad, como empresario y mediante la aportación de perspectivas que generen cambios en el país.

El cambio de la sociedad pasa por una transformación personal, es lo que creo entender del trabajo y del pensamiento de este joven licenciado en economía por el ITAM, con maestría y doctorado, también en economía, por la Universidad de Harvard.

Lástima que no le haya interesado la política convencional, pues su preparación y decencia habrían aportado mucho en estos tiempos donde los improvisados suelen causar estragos en los puestos públicos, pero allá él y sus respetables razones para buscar el cambio social por otras vías.

El caso es que Emiliano está siendo víctima de una andanada artera de calumnias y de chismes, que tienen su origen en una noticia que nunca existió.

Dicen que The New York Times publicó que es representante en México de una ‘secta’ que abusa de mujeres y hasta las marca con hierro al rojo vivo, como ganado.

Jamás el NYT menciona a Emiliano Salinas ni a su empresa.

Dice que en Estados Unidos hay una ‘secta’ denominada Nxivm que realiza esas prácticas y que tiene filiales en México y Canadá.

Algunos miembros de Nxivm, efectivamente, como dice el Times, cometieron esas atrocidades y ya no están en la compañía.

En México, Emiliano Salinas dirige una empresa, Executive Success Programs (ESP), de desarrollo humano, que tiene la licencia para metodología de Nxivm en esa rama.

Ninguna relación hay entre el maltrato a mujeres de parte de algunos miembros de esa compañía estadounidense y la empresa de Emiliano en México.

¿De qué mente sale que el NYT mencionaba a Emiliano Salinas como parte de una ‘secta’ que marca mujeres, etcétera?

Salió de la ‘creatividad’ de Carmen Aristegui.

El odio personal de Carmen contra el expresidente de México la lleva a inventar una noticia que luego recogen y repiten quienes le creen, de buena o mala fe.

¿Por qué desquitarse con los hijos de quienes algunos comunicadores odian?

Aristegui, salvo el buen golpe de la ‘casa blanca’, ha sido una consuetudinaria fabricante de noticias falsas. Hasta un libro se escribió sobre sus mentiras.

Sería muy sano que ese rencor suyo contra el expresidente Salinas lo explicara algún día.

¿Por qué odia a Salinas, si trabajó en el PRI durante la campaña del personaje que hoy detesta de manera extrema?

Incluso en el sexenio de Salinas trabajó en un medio del gobierno.

En fin, eso es cosa suya y tiene derecho a odiar al expresidente y a otros.

Pero a todo esto, ¿qué culpa tiene Emiliano?

Ligarlo con una secta lo daña como persona y como empresario (exitoso, por cierto).

Es un daño que surge de la maldad y de la mentira, y prospera por la facilidad con que se pueden difundir noticias falsas.

Las reputaciones están a expensas de cualquier fabricante de mentiras.

The New York Times nunca menciona a Emiliano Salinas.

¿Por qué hacer creer que sí?

Porque el odio también puede fabricar noticias. Y lastima a gente inocente, como es el caso que nos ocupa en esta columna.

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