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Dinero y fraude en la educación superior

La posesión de un título universitario emitido por una universidad reputada promete garantizar la entrada al éxito, la fama y el acceso a puestos profesionales envidiables.

Por generaciones se ha creído que los estudiantes entran a los centros de educación superior por méritos propios, pero esta primavera el Departamento de Justicia presentó cargos contra 50 personas envueltas en un fraude de admisiones que se extendió por seis Estados.

La investigación ha puesto en evidencia los niveles exacerbados de competitividad que existen cuando se trata de conseguir un boleto de admisión a universidades en el tope de la lista, como Yale, University of Southern California (USC) y Georgetown.

Las autoridades han encontrado que algunos padres están abriendo las puertas a sus hijos a punta de sobornos y falsificaciones de documentos, usando sus fortunas y relaciones para lograrlo. En ocasiones, los estudiantes ni siquiera sabían en qué tipo de prácticas estaban incurriendo sus progenitores a fin de asegurarles un puesto dentro del sistema universitario.

Andrew E. Lelling, abogado del Distrito de Massachusetts, dijo durante una rueda de prensa que esos padres estaban usando sus fortunas para crear un proceso de admisiones injusto y maleado en las universidades de élite.

Según se ha descubierto, existe un elaborado fraude de millones de dólares invertidos en pagar a entrenadores de atletismo, a la alteración de fotografías y a la falsificación de los resultados de exámenes y evaluaciones de rendimiento académico. En el escándalo quedaron implicados artistas de Hollywood y prominentes nombres del mundo de los negocios, así como también una organización dedicada a “ayudar” a los candidatos, conocida como The Edge College & Carreer Network.

Para explicar la ¿noble? misión de dicha entidad, comparto las palabras de su fundador William Singer, mientras conversaba por teléfono con un padre que buscaba un poco de magia: “We help the wealthiest families in the U.S. get their kids into school. There is a front door which means you get in on your own. The back door is through institutional advancement, which is 10 times as much money. And I’ve created this side door in”. Es decir: nosotros ayudamos a las familias más ricas de Estados Unidos para que sus hijos entren en las escuelas [de educación superior]. Hay una puerta en el frente por dónde el estudiante puede entrar por su cuenta. Hay una puerta del fondo que se consigue a través de avance institucional, la cual es diez veces más cara. Y nosotros hemos creado esa puerta.

Así, una joven —sin experiencia jugando balompié— se convirtió en una estrella de la Universidad de Yale, después de que sus padres le compraran el derecho a ser reclutada por el módico precio de $1.2 millones de dólares.

Otro padre pagó por lo menos $50,000 para que falsamente categorizaran a su hijo con una discapacidad, de manera que pudiera pasar los exámenes estandarizados de USC con la ayuda de un censor cómplice encargado de garantizar sus buenas calificaciones.

En contraste, estudiantes más meritorios y menos adinerados no han conseguido entrar en la tómbola-.

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