El fraude de López Obrador

El problema no es el ‘dedazo’ de López Obrador, sino su mentira de decirnos que él no iba a decidir sino que sería una encuesta.

Nadie puede creer que todas las encuestas independientes hayan estado equivocadas y Ricardo Monreal fuera tercero en la que levantó Morena.

López Obrador hizo lo que nunca se debe hacer en política, donde se vale todo menos humillar.

Monreal fue humillado por López Obrador, sin más motivo que el zacatecano tiene personalidad propia y vida política independiente de la existencia de AMLO.

Son de tal magnitud los conflictos de personalidad que carga López Obrador, que no soporta que alguien le haga sombra en un partido que hizo para él y sólo para él.

Monreal se la jugó siempre con AMLO y dio todas las batallas que había que dar para hacer quedar bien a su líder, pero cometió el pecado de dialogar por cuenta propia con representantes de otros partidos, porque de eso trata la política.

AMLO no quiere en Morena a un partido, sino a una secta, donde el mesías es él. Y a quien brille con luz propia lo humilla hasta escarnio.

Monreal, tercero. Por debajo de Sheinbaum y de Martí Batres.

Se trató de un ejercicio fraudulento en toda la extensión de la palabra.

Nunca se mostró la encuesta.

Nadie supo quién la levantó ni cuál fue la metodología.

Jamás se conoció entre quiénes se hizo.

Y sus resultados no fueron entregados a la opinión pública ni a los aspirantes.

Más oscurantismo, imposible. Y no es un asunto interno de Morena, porque ese partido, como todos, recibe financiamiento público: vive de los impuestos de quienes los pagamos.

Si su método es el dedazo, adelante. Pero le dijeron a la ciudadanía que iban a hacer una encuesta que arrojaría a la persona para coordinar a Morena en la Ciudad de México.

Otra simulación: destaparon a su candidata a la jefatura de Gobierno, con otro nombre al proceso, y así se brincaron la ley.

No hubo ninguna encuesta que diera a Sheinbaum primera, Martí Batres segundo y Ricardo Monreal tercero.

Fue un fraude en toda la línea cometido por López Obrador para poner a su candidata, bajo la apariencia de una metodología imparcial.

Insisto, no es un asunto que deba molestar sólo a los morenistas, sino a todos los que financiamos a los partidos políticos.

Mil millones de pesos se va a llevar Morena el próximo año (650 millones por la vía federal y otro tanto de los estados), de nuestros impuestos, y tenemos derecho y obligación de pronunciarnos y exigir que no se nos tome el pelo.

El PRI ya dijo que la opinión más importante para definir a su candidato será la del presidente de la República y lo van a refrendar en una asamblea de delegados o consejo político. No engañan a nadie.

López Obrador, en cambio, alardeó que ellos no eran “como el PAN o como el PRI, donde lo que manda es el dedazo”.

Una mentira flagrante. La decisión en Morena para la candidatura a la CDMX fue suya. Monreal ganó en todas las encuestas, menos en la que importaba: la de su deseo personal. Y a los ciudadanos nos quieren hacer creer que el zacatecano fue… tercero.

¿Cómo le hicieron para obtener esos resultados? Nadie sabe, ni siquiera los aspirantes. Un fraude electoral contra los que financiamos a ese partido.

Tal vez López Obrador cometió un error mayúsculo al humillar a Monreal.

En una de esas sale perdiendo, porque se quitó de encima a un político que le hacía sombra al interior de Morena, pero puede darse el caso de que el país recupere a uno de sus cuadros mejor formados.

 

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