Fue mal negocio agacharse ante Trump

Se dio la consecuencia de seis meses de un silencio oprobioso de la Presidencia de la República ante las amenazas e insultos de Donald Trump a nuestro país.

Todos los productos que ingresen a Estados Unidos desde México tendrán un impuesto de cinco por ciento, porque según Donald Trump no estamos haciendo nada para detener la migración ilegal.

Durante seis meses de este gobierno, Donald Trump nos ha pegado con todo, y como respuesta ha encontrado una estrategia equivocada: decir que el gobierno mexicano respeta los dichos de Donald Trump. “Amor y paz”.

¿Con quién cree que está tratando el presidente de México?

El que se agacha ante Estados Unidos paga las consecuencias doblemente.

López Obrador prometió que al llegar a la presidencia respondería una a una las calumnias de Trump, y a la hora de la verdad guardó silencio aunque nos cubrieran de mentiras.

Lo que son las cosas: Peña Nieto, el “señoritingo neoliberal”, respondió con energía a las amenazas de Trump cada vez que se pasaba de la raya y defendió con serenidad el decoro nacional.

Nunca se dejó avasallar por el vecino del norte porque él, al estar sentado en la silla del águila, no era Peña Nieto, sino que representaba a México.

Y el presiente nacionalista y “antiimperialista” López Obrador, permitió que el estrafalario huésped de la Casa Blanca nos insultara a placer.

Trump nos ha calumniado con mentiras. Claro que el gobierno actual ha hecho, y mucho, para detener la migración ilegal a Estados Unidos.

En cinco meses México ha triplicado las deportaciones de indocumentados. Esos son hechos y no demagogia como hace Trump para ganar electorado con miras a su reelección.

Pero aquí nunca respondimos. Callamos ante los regaños de Trump, como si no fuéramos un país con decoro al que le asiste la razón.

Apenas en abril del año pasado López Obrador dijo que “vamos a ser muy respetuosos del gobierno de Estados Unidos, pero vamos a exigir también respeto hacia los mexicanos. Ni México ni su pueblo van a ser piñata de ningún gobierno extranjero”.

Ya en el gobierno, el presidente cambió y optó por enmudecer ante Trump.

En mayo pasado López Obrador advirtió que “me haré cargo de responder a Trump cuando publique un tuit ofensivo”.

No fue así. Callamos ante Trump y sus improperios, y se siguió de largo.

Nos tomó como aquello que AMLO no iba a permitir: México, una piñata electoral.

Poco antes de las elecciones López Obrador anunció que “llegando a la presidencia de México le haré un planteamiento y haré entrar en razón a Donald Trump que se necesita que haya cooperación para el desarrollo entre Estados Unidos, Canadá, México y Centroamérica”.

Nunca ha habido diálogo con Trump, sólo nos tragamos sus desplantes.

A nuestro canciller, el secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, lo plantó dos veces en su reciente visita a Washington.

Con Estados Unidos seguimos una política equivocada: agacharse.

Trump nos amenazó este mes: “La actitud de México es que gente de otros países, incluyendo México, debería tener el derecho de ingresar a los Estados Unidos y que los contribuyentes estadounidenses deben ser responsables de los tremendos costos asociados con esta migración ilegal. ¡México está equivocado y pronto voy a dar una respuesta!”.

¿Cuál fue la respuesta del presidente de México? “Yo respeto. Amor y paz”.

No era a él a quien agredían con mentiras, sino a México.

Haber cambiado la estrategia y ponerse blandos, humilditos y condescendientes con el parlanchín del norte, envalentonó a Trump.

Ya nos había tomado la medida: nos callamos ante la calumnia.

A finales de abril Trump lanzó una brutal calumnia contra nuestro Ejército:

“Soldados mexicanos recientemente sacaron armas de fuego contra nuestros soldados de la Guardia Nacional, probablemente como una táctica de distracción para contrabandistas de drogas en la frontera. ¡Mejor que no vuelva a suceder!”.

¿Cómo reaccionó el presidente de México ante esa alevosa difamación contra nuestro Ejército?

No dijo nada. La estrategia fue no hacer enojar más al señor Trump.

Cuando se negociaba el Tratado de Libre Comercio, a comienzo de los 90, el gobierno de México exigió la devolución inmediata del médico sinaloense Álvarez Macháin, secuestrado por la DEA por su presunta participación en la tortura y asesinato del agente Enrique Camarena Salazar.

La relación se tensó en plena negociación del TLCAN y nos los tuvieron que devolver. Y no se cayó el tratado.

México reprobó la invasión de EE.UU. a Panamá para apresar a Noriega, y no se cayó la negociación el TLCAN.

Durante la nueva negociación del llamado T-MEC, Peña Nieto exigió públicamente respeto para los mexicanos. Respondió a Trump y lo desmintió cuando fue necesario. Y no se cayó el acuerdo.

Ahora se optó por tragarnos todas las ofensas. Dejar que Trump nos agrediera un día sí y otro también.

La respuesta a la actitud o estrategia pusilánime la tuvimos: cinco por ciento de arancel a todo lo que llegue de México, y a tambalear nuestra delicada economía.

Fue mal negocio agacharnos ante Trump. Nos tomó la medida y nos vapuleó.

Ahora vendrán respuestas y “reacciones enérgicas”. Demasiado tarde. El daño está hecho.

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