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La razonada advertencia de una inmigrante llamada Madeleine Albright

Buscar en la memoria las razones por las que un inmigrante decidió un buen día dejar todo para forjar un nuevo destino alejado de su origen, conlleva, sobre todo, un acto de honestidad personal. Porque salvar la vida debe ser en verdad el factor límite que empuja a los seres humanos a emigrar literalmente con lo que se tiene a la mano. Y recordar eso tampoco debe ser cosa fácil.

El caso de Madeleine Albright, exsecrataria de Estado durante el gobierno de Bill Clinton, no es ajeno al que padecen ahora mismo cientos de miles de hombres, mujeres y niños que tratan de escapar de la violencia alrededor del mundo, con la idea de llegar a otro país menos hostil. El periplo de la Caravana de Inmigrantes centroamericanos es nuestro ejemplo más cercano y reciente.

En su nuevo libro, Fascism. A Warning (Harper Collins, 2018), Albright recurre precisamente a la memoria para dar cuenta de las razones por las que su familia tuvo que abandonar la antigua Checoslovaquia, asediada por el nazismo en una primera instancia hacia finales de los años 30 y posteriormente por un férreo control comunista que invalidó toda posibilidad democrática una década después.

Sin más opciones, cuenta en su libro, sus padres tuvieron que adoptar el camino del exilio hasta llegar a Estados Unidos, donde la familia fue recibida como refugiada.

¿Suena familiar? Sí, en todo sentido, pues las coincidencias históricas que paradójicamente se han empezado a manifestar en el llamado país de las libertades se están ensañando de manera particular contra los inmigrantes, especialmente contra los de color.

Esa es una de las razones por las que la también autora de Madam Secretary seguramente emprendió la tarea de escribir esta advertencia directa en Fascism sobre los tiempos que nos ha tocado vivir como inmigrantes, con el resurgimiento de un neofascismo de múltiples rostros que se desborda cada vez más desde la antesala del poder en pleno Siglo XXI en Estados Unidos y que llega hasta esa parte de la sociedad que ha avalado desde el primer momento una retórica antiinmigrante y xenófoba de espanto.

Con una sabiduría de historiadora, Albright pone en contexto el surgimiento en Italia de un fascista como Benito Mussolini, la consolidación del nazismo en el Tercer Reich con Adolfo Hitler a la cabeza en Alemania, además del entramado de la dictadura de Francisco Franco en España —más cruenta por prolongada—, así como las atrocidades que todo ello significó no solamente para esas naciones europeas, sino para el mundo entero.

Que no se repitiera la historia fue la consigna inmediata, una vez que dichos regímenes desaparecieron y fueron a parar a los libros solo como tema de estudio para las generaciones posteriores. Y era tan remota la posibilidad de que el mundo experimentara algo similar otra vez, que su sola mención remitía al color sepia de otras épocas. Pero llegó Trump.

Categórica, Albright dice clara y directa sobre él: “Estados Unidos ha tenido presidentes con defectos; de hecho, nunca hemos tenido de otro tipo, pero no hemos tenido un jefe del ejecutivo en la época actual cuyas declaraciones y acciones estén tan reñidas con los ideales democráticos”.

Así, en su examen de la actualidad y sus paralelismos con otras épocas —en el que también da un puntual repaso de otras figuras polémicas como Stalin, Pinochet, Castro, Chávez y la dinastía norcoreana—, la exsecretaria de Estado nos hace una advertencia sincera y honesta desde la perspectiva de una inmigrante que fue testigo directo en su momento de cómo surgió ese veneno de la historia que ha sido el fascismo, precisamente para evitar su repetición o, en este caso, la propagación de sus síntomas por más tiempo en estas tierras.

Ser inmigrante, por supuesto, nunca ha sido fácil. De hecho, se ha convertido en la tarea más difícil del mundo, tanto por las razones que obligan a emigrar, como por la hostilidad típica que acecha en los lugares de destino. ¿Hacia dónde voltear entonces, sobre todo ahora que incluso Estados Unidos está mostrando su peor rostro hacia los inmigrantes que no le gustan, básicamente por su color y origen geográfico?

La misma Madeleine Albright dice: “La migración no controlada produce fricción social, no porque muchos refugiados sean criminales y terroristas (que no lo son), sino porque vivir al lado de los extranjeros requiere de dos valiosos bienes: buena voluntad y tiempo. Ambos son necesarios para construir confianza; pero ninguno está tan ampliamente disponible como quisiéramos”.

En ese sentido, todos tenemos, como inmigrantes, algo en común, especialmente en esta nueva espiral de la historia que nos insta a gritos a no repetir la ignominia.

Fascinante de principio a fin, Fascism es sin lugar a dudas una lectura indispensable, además de urgente, no solo para los amantes de la historia, sino paticularmente para los inmigrantes de hoy que viven en carne propia las manifestaciones iniciales de un rechazo precisamente por esa misma razón: por ser inmigrantes, por ser “el otro”.

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