Lo que Trump debe hacer en Venezuela

Estimado Presidente Trump, si usted está tan preocupado por la tragedia de Venezuela como lo afirma estar, hay varias acciones concretas que podría tomar para ayudar a restablecer la democracia allí. Permítanme citar cinco de ellas.

En primer lugar, instruya al Secretario de Estado, Rex Tillerson, de que monte una ofensiva diplomática para aprobar una resolución en la Organización de Estados Americanos que declare ilegítima la farsa electoral montada por el dictador venezolano Nicolás Maduro para el 22 de abril.

Aunque el secretario general de la OEA, Luis Almagro, ha dicho en repetidas ocasiones que las elecciones venezolanas serán una broma –entre otras cosas porque Maduro ha prohibido la participación de los principales líderes de la oposición– es solo su opinión personal. No tiene el peso político de las resoluciones de la OEA como una organización internacional.

La OEA estuvo a punto de aprobar una resolución que condenaba a Venezuela en su reunión de junio de 2017 en Cancún, México, pero perdió por tres votos. El resultado se debió en gran parte a que el gobierno que usted preside no puso mucho peso diplomático detrás de la propuesta. Tillerson ni siquiera asistió a la reunión, sino que envió a un funcionario de menor rango.

El Grupo de Lima, que incluye a México, Brasil y Argentina, aprobó una nueva declaración objetando la farsa electoral de Maduro. Fue un paso adelante, pero el Grupo de Lima no tiene el peso institucional de la OEA.

La única manera de construir un caso para aplicar la Carta Democrática de la OEA contra el régimen venezolano, que podría llevar a sanciones regionales contra Venezuela, sería aprobar una resolución en la OEA declarando ilegítima la elección del 22 de abril. Diplomáticos latinoamericanos me dicen que hay un nuevo proyecto de resolución de la OEA a tal efecto, respaldado, entre otros, por México, Brasil, Canadá y Argentina.

Señor presidente, ¿hará su gobierno un esfuerzo serio para ayudar a que se apruebe esa resolución? Tillerson hasta ahora no ha asistido a una sola reunión de cancilleres de la OEA sobre Venezuela. Eso ha enviado un mensaje a la comunidad diplomática de que su gobierno habla mucho sobre Venezuela, pero es puro teatro político para consumo interno en Estados Unidos.

En segundo lugar, señor presidente, asista a la Cumbre de las Américas del 13 de abril en Lima. Si usted no va, como muchos temen, será el primer presidente de Estados Unidos que no asiste a estas cumbres hemisféricas desde que comenzaron en Miami en 1994.

Además, los latinoamericanos recordarán su comentario de que El Salvador y Haití son “países de mierda”, y sus frecuentes comentarios racistas sobre México. Concluirán que usted mira a la región con desprecio, y que realmente no le importa Venezuela.

Tercero, trate de convencer a uno o más países latinoamericanos para que soliciten una investigación formal de la Corte Penal Internacional sobre los crímenes de lesa humanidad de Maduro. La fiscal de la CPI abrió recientemente una investigación preliminar contra Maduro, pero tendría que iniciar una investigación formal si algún país miembro lo solicita.

Cuarto, señor presidente, pida que se dé a conocer la información de Estados Unidos sobre los sobornos de la firma constructora Odebrecht a altos funcionarios venezolanos. El Departamento de Justicia divulgó en 2016 que Odebrecht pagó $98 millones en sobornos a altos funcionarios venezolanos, pero desde que usted asumió el gobierno no se informó más sobre el tema.

Quinto, ponga fin a los absurdos rumores que circulan en Venezuela de que usted está a punto de lanzar un ataque militar para derrocar a Maduro. Eso no hace más que darle munición propagandística al régimen de Maduro y debilita a la oposición interna de Venezuela.

Usted ni siquiera ha logrado un consenso dentro de su gobierno para cortar las importaciones de petróleo de CITGO de Venezuela. Dejar hablar sobre una acción militar que no existirá es irresponsable y contraproducente.

Resumiendo, señor presidente, usted merece crédito por ampliar las sanciones individuales del gobierno de Obama contra altos funcionarios venezolanos. Pero, a pesar de su discurso duro sobre Venezuela, debe tomar acciones diplomáticas concretas, o será visto como un charlatán.

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