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Maestros, el camino para conectar

Mientras la sociedad marcha por una carretera a toda velocidad, la educación va todavía en carreta, comentaba en una entrevista Javier Begue, un educador con varias maestrías en conducta, psicología y coaching de adolescentes.

Como experto en instrucción psico-pedagógica, Begue se ha replanteado la formación integral del estudiante: “Queremos formar personas”, dice. Los chicos con quienes trabaja son, en su mayoría, estudiantes con trastornos, que a veces carecen de las habilidades más básicas para navegar este mundo. “Muchos de estos chavales ni siquiera saben expresar sus emociones”, comentaba en su castellano peninsular.

Javier Begue fue un muchacho problemático, que no se quedaba quieto un segundo. Padecía de una condición conocida como déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Al mismo tiempo, es un individuo extremadamente creativo y capaz de conectar con los demás con mucha facilidad. Gracias a sus propias vivencias se convirtió en mentor y coach de jóvenes que están pasando por una situación similar a la que fuera la suya.

A través de su estilo docente, Begue aboga por un tipo de maestro que se ocupe “de trazar el camino”, en lugar de actuar como una figura autoritaria dedicada a impartir el currículo. “Todo lo que me toca enseñar ya se puede aprender por internet. De ahí que, mi labor no es simplemente dar una lección, sino conectar. Sin conexión es muy difícil trabajar”, puntualizó el educador.

Mientras el psiquiatra receta medicinas y el psicólogo indaga sobre las raíces de una conducta conflictiva, buscando generar cambios en el paciente, el mentor pretende entablar una relación con el estudiante.

En el pasado, cuando los padres —y en especial la madre— podían estar más presentes en la vida de sus hijos, esta relación se daba con más frecuencia. Ahora, es raro que la familia tenga tiempo para, por ejemplo, comer juntos. Las demandas de la vida moderna obligan a los padres a salir a trabajar. Durante el poco tiempo que resta, se pelean por la atención del menor las mil y una sobre-estimulaciones y distracciones al alcance de la mano: los juegos de video, el teléfono, las plataformas de medios sociales, por citar algunos.

Como resultado, la calidad de los vínculos se ha deteriorado y la comunicación entre padres e hijos ha ido poco a poco perdiendo su significado.

“Muchos de mis estudiantes ni siquiera pueden explicarme cuál es el oficio de sus padres. Hasta ese punto no se comunican”, aclaró Begue. Para él, la prioridad número uno es establecer un espacio seguro donde los estudiantes puedan expresarse. Y de allí parte para desarrollar estrategias que los saquen del hueco donde se encuentran anclados.

Es decir, el maestro se convierte en un ser relacionado con sus alumnos, lo que conlleva a ir un paso más allá de la asistencia estrictamente profesional. Así, aquel estudiante que para el colegio no servía, se transforma en una personal feliz y funcional. De esa manera, concluye, se consigue el éxito al tratar con estudiantes problemáticos.

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