Michoacán: El enemigo principal

Ya pasaron las reformas, viene la seguridad. Sin seguridad personal y patrimonial no hay reformas ni democracias que puedan disfrutarse.

Por eso es tan importante la tarea del gobierno federal en Michoacán. Tiene que demostrar que puede restablecer el orden perdido hace muchos años.

Y tiene que demostrar que las reformas emprendidas servirán para vivir mejor en un país razonablemente seguro y pacífico.

El gobierno ya tomó Michoacán, y para operar en este nuevo escenario nombró un comisionado, Alfredo Castillo, que tendrá más poder que el gobernador Vallejo.

No será sólo un delegado, sino la persona que coordinará los esfuerzos institucionales para restablecer las condiciones de seguridad y desarrollo en la entidad. Con eso está dicho todo.

Enhorabuena. Es que no se pueden repetir los errores cometidos en la administración anterior, que al final de sexenio entregó un Michoacán más deteriorado que el que había en 2006.

Un factor importante en el fracaso del sexenio calderonista en Michoacán fue la (fundada) desconfianza del gobierno federal al gobierno local, y la resistencia de éste para colaborar con la Federación.

Eso ya no va a suceder. La presencia de un colaborador directo del Presidente Enrique Peña Nieto en Michoacán, Alfredo Castillo, garantiza que habrá coordinación y se actuará sin que las instancias de gobierno se jueguen las contras.

El esquema es sensato, pero eso no garantiza que no se cometan errores. Errores como, por ejemplo, confundir al enemigo principal.

Los principales enemigos de la paz en Michoacán son los Templarios, y contra ellos debería apuntar, sin ambages, la fuerza del Estado.

Nada se gana al disparar contra los grupos de autodefensa cuando La Tuta y sus secuaces de las bandas criminales siguen libres.

Nadie debe estar por encima de la ley, sin duda, pero hay grados y prioridades. Una cosa son los grupos que matan, secuestran, cobran cuotas por producir, por trabajar y por vivir, y otra cosa son los productores de limones y comerciantes que se organizan para defenderse porque el estado no los defiende.

Primero hay que apresar a los líderes de los Templarios y acabar con sus redes de violencia.

Eso tiene que suceder ya. Es prioritario. Y no malgastar tiempo, energías y respaldo social en la persecución de productores que quieren trabajar en su tierra sin pagar por ello una cuota a los criminales.

Las autodefensas tienen su explicación cuando hay ausencia de Estado y de gobierno, como ha ocurrido en Michoacán.

Pero si el estado hace su tarea, los grupos de autodefensa deben desaparecer.

O incorporarse como fuerzas legales en los cuerpos de seguridad del estado, como se les ha ofrecido.

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